Sigue pegando… ¿qué hago?

Pega y ya has intentado de todo para que deje de hacerlo; por las buenas, por las malas, con paciencia, con desesperación, explicándole, gritándole… lo que te recomendó la miss, lo que leíste que podría funcionar, lo que decía en un libro, lo que te dijeron otras mamás, lo que encontraste en internet y pareciera que nada funciona, porque sigue pegando.

Ojo, no pienses que tu hij@ es malcriad@, ni que tu eres mala mamá/papá. Es una etapa, es un proceso y hay que acompañar con ejemplo, paciencia y amor.

Alrededor de los 2-4 años de edad, l@s niñ@s actúan por pulsiones, no tienen autocontrol, ni un lenguaje suficientemente amplio como para expresar lo que sienten. Además de que les cuesta entender sus emociones y no saben cómo gestionarlas. En esta etapa, suelen enojarse cuando las cosas no ocurren como desean manifestando su frustración con acciones como llorar, gritar, berrinche, pegar, empujar o morder. Ahí es muy importante acompañarlos en el desarrollo de su tolerancia a la frustración.

Cómo papás debemos intervenir siempre, pero no desde el regaño o el castigo, sino desde la validación de emociones, la contención y la empatía. Cuando pegan, generalmente existen dos emociones que son posibles detonantes de la conducta: el enojo y el cansancio. Para realmente saber qué le pasa, es importante conectar, bajarnos a su nivel desde la calma, buscar analizar y entender lo que está sintiendo y el contexto, además de verbalizar y poner en palabras la emoción. «Estás enojado porque quieres seguir jugando con tus juguetes, pero si me pegas me duele, mejor dime «mamá quiero seguir jugando». También es fundamental que prediquemos con el ejemplo y que evitemos responder o reaccionar de manera agresiva en situaciones que nos puedan generar frustración.

 Entiendo que pueda ser cansado y frustrante que por más que intentemos cosas, la conducta continúe. Pero necesitamos entender que están transitando por una etapa en donde están experimentando cambios, comienzan a ser más autónomos, sienten muchas cosas que no entienden, no saben cómo comunicarse adecuadamente… y un sinfín de cosas. La realidad es que la constancia es un factor fundamental en el desarrollo de l@s niñ@s. Vamos a tener que ser súper repetitivos y constantes en lo que les decimos y en lo que hacemos, para que ell@s poco a poco comiencen a entender y a integrar lo que buscamos. Es decir, no va a ser a la primera que van a entender y cambiar… vamos a tener que repetirlo miles de veces. Lo que a nosotros adultos nos parece obvio y podemos entender la primera vez que nos lo dicen o explican, a ell@s les tardará muchas, pero muchas repeticiones.

¿Qué hacer/qué repetir?

  • Bajarnos a su nivel.
  • Apartarlo de forma firme pero afectuosa, para hablar con calma.
  • Si llora, abrazar y contener.
  • Explicar con lenguaje sencillo y claro, sin dar tantas vueltas, que pegar lastima y no es la forma de obtener lo que quieren.
  • Validar la emoción y nombrarla. «Te sientes cansad@» «Te sientes enojad@»
  • Empatizar y platicar que tú también te puedes sentir así.
  • Modelarle y dar ejemplos de cómo puede actuar o hacerlo diferente. «Puedes decirme con palabras lo que quieres». «En vez de pegarme, puedes usar tus manos para hacer cariños y demostrar afecto».

Repetir, repetir y repetir es la clave. Amor y paciencia. Y verás que poco a poco, llegará el punto en el que lo entienda, lo internalice, y junto con la madurez y el desarrollo que va viviendo, estas conductas impulsivas y agresivas, se vayan sustituyendo por unas más reflexivas y adecuadas.

con cariño, Johis

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