Si has estado cerca de un niño pequeño o si tienes hijos, seguramente habrás notado que de pronto pareciera que todo gira a su alrededor, que no ve más allá de sí mismo y que para todo dice “yo”. Esto que pareciera egoísmo, es una etapa evolutiva importante por la que todos los niños transitan: el egocentrismo.

El egocentrismo en los niños, es una etapa normal del desarrollo cognitivo, que sucede entre los 2 y 5 años aproximadamente. Aquí los niños no pueden comprender el punto de vista de los demás, porque solo pueden ver las cosas desde su propia perspectiva. Diversos autores abordan el tema desde sus teorías:
Freud propone que durante las primeras etapas del desarrollo psicosexual “el niño está centrado en satisfacer sus propias necesidades y deseos sin considerar los de los demás.” Este período sería llamado egocentrismo temprano y es fundamental para que se pueda desarrollar el yo, adquiriendo un sentido de sí mismo y de su relación con el mundo. A medida que los niños crecen y se desarrollan, este egocentrismo debería empezar a ceder frente a la realidad externa y a las demandas sociales. En un desarrollo adecuado, los niños deben empezar a reconocer y tomar en cuenta las necesidades y deseos de los demás, dando paso al desarrollo de la empatía.



Jean Piaget, en su teoría del desarrollo cognitivo, dice que “el egocentrismo es una característica central de la etapa preoperacional del desarrollo cognitivo”. Es en la etapa preoperacional donde los niños ven el mundo desde su propio punto de vista y por ende tienen dificultades para comprender que otras personas puedan tener ideas, creencias o perspectivas diferentes a las suyas. Piaget describe que “el egocentrismo va disminuyendo de forma gradual cuando los niños pasan a la siguiente etapa de desarrollo cognitivo: la etapa de las operaciones concretas”. Aquí los niños comienzan a comprender que los demás tienen perspectivas diferentes.



El egocentrismo se puede ver así:
El niño pequeño de dos años, que se tapa los ojos y dice “¿dónde está?” y cómo él no ve a nadie, piensa que a él tampoco nadie lo ve, que él “desapareció”. Este egocentrismo mental coincide con el egocentrismo afectivo; por ejemplo. cuando un niño le pega a otro, sin tener conciencia de que el golpe le va a doler al otro. Hay una incapacidad de ponerse en el lugar de la otra persona, tanto mental como afectivamente.



El egocentrismo tiene una serie de características:
- En el lenguaje y la comunicación predomina el “yo” y el “mío”: Se expresan con pronombres en primera persona, ya que para ellos todo lo que ven es suyo y ellos son los únicos que existen. Esto refleja su mundo cognitivo, donde su perspectiva es la única. No ven ni entienden la perspectiva de otros: “si yo no lo veo, nadie más lo ve”.



- Pensamiento mágico y animismo: Los niños en esta etapa creen que todo lo que piensan es real. Para ellos se mezcla la imaginación con la fantasía y pueden creer por ejemplo, que si se ponen su disfraz de superhéroes, realmente tienen poderes.



- Impulso de ser el centro de atención: Quieren ser los únicos protagonistas de las conversaciones y las actividades.



- Perspectiva limitada: Los niños perciben e interpretan todo desde su punto de vista, creyendo que es el único existente y el único correcto. No ven más allá de ellos mismos.



- Dificultad para compartir: Piensan que todo lo que ven es suyo, no ven el juego como una actividad común con un fin compartido y no se dan cuenta de las necesidades o intereses de los demás.



La fase del egocentrismo es temporal, es transitoria. Se supera a través de la madurez, con apoyo de la interacción social, el juego y el desarrollo de la empatía. Además también necesitan desarrollar el lenguaje, ya que esto les ayuda a socializar con los demás, lo que ayuda a ver que existen otros puntos de vista diferentes a los propios y a entenderlos.



Aquí algunas cosas que podemos hacer para apoyar el proceso:
- Favoreciendo la empatía con ejercicios narrativos y de role playing: Contar cuentos ayuda a que los niños vayan conociendo diferentes perspectivas y si a eso le agregamos juegos de roles donde ellos tengan que interpretar diferentes personajes y actuar como alguien más, ayuda a reforzar la empatía.
- Fomentar actividades colaborativas y juegos grupales: Cuando se juega en equipo o en grupo deben existir la toma de turnos, paciencia y tolerancia y ver la importancia de la participación de otros. Los juegos de mesa pueden ayudar mucho a esto.
- Brindar ejemplos con los que se puedan identificar: Cuando veamos que están teniendo un comportamiento egocéntrico, podemos comparar sus acciones con las de algún personaje de cuento para que se puedan identificar y entender mejor lo sucedido.
- Tener límites claros y fomentar la independencia: Es importante ayudar a los niños a que puedan tomar sus propias decisiones y hacer cosas por ellos mismos, pero es indispensable que sepan que hay reglas que hay que seguir y que ellos no son los únicos que deciden. Por ejemplo: “puedes escoger el cuento que vamos a leer, pero después de leer es hora de dormir”.



No veamos el egocentrismo infantil como egoísmo o como mala educación. Es una etapa crucial y necesaria en el desarrollo de los niños. Ayudemos a favorecer que vayan desarrollando poco a poco la empatía y se vayan abriendo al mundo, pero respetando la etapa por la que estén transitando.
con cariño,
Johis
