


Vivimos en un mundo digital. Podríamos incluso decir que “toda nuestra vida” está en nuestro celular y estamos muy acostumbrados a tener todo al alcance de nuestra mano y de un click. Esto puede ser maravilloso, si lo usamos adecuadamente, porque podemos estar en comunicación con aquellos que están lejos y saber información al instante de lo que pasa al otro lado del mundo. Pero como todo en la vida, tiene sus riesgos y su impacto negativo.



Sabemos que los niños pequeños no deben ser expuestos a pantallas, por el impacto que puede tener en su desarrollo. Pero la realidad es que el hecho de que sus papás también se expongan por mucho tiempo a las pantallas puede ser incluso más perjudicial. Pero ¿por qué?



Va a impactar directamente en la relación y comunicación entre padres e hijos. Hay menos interacción cara a cara, lo que es muy importante para el desarrollo del lenguaje y para la formación del apego seguro, ya que la interpretación de gestos faciales y el contacto visual son clave en estos aspectos. Esto también afecta el aprendizaje social, ya que las pautas no verbales que sólo pueden observarse y aprenderse mediante la observación directa, son fundamentales para poder interactuar adecuadamente con otros.



Se afecta la autoestima de los niños, ya que pueden sentirse ignorados o invisibles. El mensaje que reciben puede llegar a ser que el celular o la pantalla es más importante que ellos. Cuando los padres están enfocados en sus pantallas, pueden llegar a perderse información importante que sus hijos intentan compartirles. Previo al lenguaje oral, las señas, gesticulaciones, movimientos y contacto visual son la forma de comunicación de los niños. Si estas señales no son atendidas, puede afectar su percepción del mundo, su relación con los demás y su forma de comunicar.



Los niños aprenden a través de lo que ven y de lo que imitan, principalmente de sus cuidadores principales. Los papás suelen ser sus referentes y por eso la responsabilidad es enorme, ya que el ejemplo que se les dé, será el que repitan. Las acciones que más se repitan, los hábitos y rutinas de sus papás, será lo primero que los niños repitan . Así que si pasan mucho tiempo en las pantallas, los hijos van a querer hacer lo mismo y tenderán a repetirlo. Recuerda que el estilo de vida que tengas, es el que tendrá peso en el estilo de vida de tus hijos.



Cuando no soltamos el celular ni para ir al baño, hay mensajes que les estamos dando a nuestros hijos respecto a esto:
- Es normal usar el celular todo el tiempo, estando solo, estando acompañado, estando en cualquier lugar o actividad.
- Si mis papás están en el celular cuando están conmigo, puede ser que yo no sea importante o divertido, lo de la pantalla seguro es más interesante que yo.
- Le sonríe más a la pantalla que a mí. La pantalla lo hace más feliz, que yo.
- Si están conmigo, pero también con el teléfono, realmente es como si no estuvieran.
- Cuando las cosas se ponen difíciles o complicadas, puedo refugiarme o evadir con el celular.
- El teléfono es lo más importante y siempre viene primero.
- Si los interrumpo cuando están con el teléfono, se enojan, así que tendré que esperar a que no estén usándolo para sentirme seguro de acercarme.



Pensemos entonces que no sólo estamos en el teléfono, estamos enseñándoles que:
- El amor significa escuchar y estar a medias.
- Para estar cerca de alguien, necesito competir con una pantalla.
- No eres tan interesante como un teléfono.
- Cuando las personas te quieren, también te ignoran.



Ya sabiendo todo esto, será importante poner manos a la obra, para reducir el impacto negativo.
- Usar apps para controlar el uso del celular y de redes sociales: Forest, App Block, Freedom. Existen también herramientas integradas en el sistema operativo para ver los tiempos de uso del dispositivo, establecer límites de tiempo en apps y configurar tiempos de inactividad.
- Crear momentos de conexión sin pantallas: conversaciones, juegos, actividades físicas.
- Establecer tiempos de juego juntos: planear tardes de juegos de mesa, salidas al parque, carreras de obstáculos, llevar a cabo recetas de cocina, hacer manualidades.
- Tener áreas libres de pantalla en la casa: por ejemplo, en el comedor no se usan pantallas. Pueden tener una canasta donde depositar los dispositivos antes de sentarse en la mesa.
- Tener momentos libres de pantalla: hora de la comida, antes de dormir, al despertar.
- Organizar salidas sin tecnología: visitar museos, ir al zoológico, tener un día de alberca.
- Compartir un enfoque en común: leer un libro juntos, compartir un juguete, sentarse a ver el mismo paisaje. Cuando dos personas se concentran en la misma cosa al mismo tiempo, participan en lo que se llama «atención conjunta».



El uso de pantallas es adictivo, todos lo sabemos, porque todos somos “adictos” en cierto grado. Las redes sociales y el contenido que vemos en internet está específicamente diseñado para engancharnos. Las aplicaciones y sitios web utilizan técnicas de «gamificación» para mantener nuestra atención y nos bombardean con contenidos personalizados basados en nuestros intereses. Los «likes» y las notificaciones liberan dopamina en el cerebro, generando una sensación de bienestar que fomenta la dependencia y la búsqueda continua de esas recompensas. Esta liberación de dopamina crea un ciclo que refuerza la adicción, donde se necesita cada vez más estímulo para sentir el mismo placer.



Por eso, no es tan fácil, no usar nuestros dispositivos, ni entrar a redes sociales o estar usando internet. Ya es algo de nuestro cotidiano y es algo que nos ha generado adicción. Pero hacerlo consciente y conocer el impacto que tiene en nosotros y en los niños debería ser un motivador para empezar a hacer cambios poco a poco.



Recuerda que los niños pequeños están en pleno desarrollo, que adquieren habilidades indispensables, de comunicación y socialización, a través de la escucha, el habla, el juego y la imitación de lo que ven, platican, hacen e interactúan con sus padres. No permitas que esto se pierda, por estar enganchado al teléfono.



Busca realmente estar presente. Hazlo por tus hijos, pero sobre todo hazlo por ti. La vida real está fuera de una pantalla. Vívela.
con cariño,
Johis
