Se chupa el dedo ¿qué hago?

Los seres humanos pasamos por diversas etapas a lo largo de la vida. Cuando somos bebés, la etapa oral está sumamente marcada y es claro que se tiene una necesidad por chupar, por succionar. Esto como principal forma de descubrir el mundo, para satisfacer necesidades básicas de alimentación y también como forma de relajación. Es común que se puedan meter todo lo que encuentren a la boca, que comiencen a usar chupones o que se metan la mano a la boca y descubran que chuparse el dedo es placentero o genera calma.

Les cuento mi experiencia personal. Yo me chupé el dedo como hasta los 5-6 años y extrañamente no era el dedo pulgar, como suele ser lo más común. Yo me chupaba el índice ¿por qué? Quién sabe. Pero seguro me generaba calma y aliviaba el estrés o la ansiedad. El caso es que no era la única, mi hermano también se chupaba el dedo, el sí el pulgar. Y la forma en la que mi mamá logró que dejáramos este hábito (porque ya éramos grandes y puede traer consecuencias negativas), fue llevándonos al dentista a que nos explicaran las posibles implicaciones de seguirlo chupando. A mi me bastó la explicación de que pudiera necesitar usar paladares o algún aparato en la boca, para inmediatamente dejar el hábito. Ayudó que era más grande y tenía mayor consciencia para entender. Mi hermano, dos años menor, tuvo mayor dificultad para dejar de chuparse el dedo. Necesitó apoyo como el tener que usar un guante en la noche. Al poco tiempo también lo logró. Algunos necesitan más tiempo que otros, pero la conclusión, es que con apoyo y paciencia, todo se puede lograr.

Esto, para decirles, que es totalmente normal y común que los niños puedan chuparse el dedo. Hay quien nunca lo hace, hay quienes lo hacen poco tiempo y lo dejan sin tema, y hay quienes ya son más grandes (arriba de 4 años) y lo siguen haciendo y para quienes quizá sea complicado dejarlo.

Si tu hij@, alumn@ o paciente, es del último caso. más que preocuparnos, tenemos que ocuparnos. Porque si continúan haciéndolo, puede generarles un tema dental (al chuparte el dedo, jalas los dientes de enfrente hacia adelante) o un problema de habla (donde ciertos fonemas no se logren pronunciar bien como la /t/ o la /d/, que ceseen o saquen la lengua al hablar.

Lo primero es tratar de identificar la razón por la que se lo chupa. Tratemos de ser super detectives y observemos en qué momentos lo hace. ¿Es cuando está cansado? ¿aburrido? ¿hambriento? ¿estresado o ansioso? ¿es todo el tiempo? ¿es cuándo se va a dormir? Esto nos va a ayudar a saber mejor qué es lo que necesita. Quizá necesite que lo mantengamos ocupado, necesita dormir en ese momento, necesita contención y apoyo para transitar aquello que le genera estrés.

Algunas estrategias que podemos llevar a cabo son:

 

    • No regañar ni castigar.

    • No evidenciarlo frente a otros.

    • No estarle diciendo todo el tiempo «no te lo chupes».

    • Platicar con ell@s. Explicarles lo que puede pasar cuando se lo chupan: las manos generalmente están sucias y pueden llevarse bacterias a la boca, se van a lastimar el dedo (les pueden salir callos), se pueden lastimar los dientes y el paladar y eso puede llevar a tener que llegar a un tratamiento odontológico que puede ser doloroso.

    • Ofrecerle distracciones, con actividades que requieran que use las dos manos.

    • Reforzamiento positivo con elogios cuando no se lo chupe.

 

    • Establece metas alcanzables para que pueda ver su progreso y sentirse motivado. Por ejemplo, puedes establecer una meta de no chuparse el dedo durante una hora y luego aumentar gradualmente el tiempo.

    • Economía de fichas. Usar un calendario semanal, donde se vayan colocando stickers o palomitas cuando no se chupe el dedo. Al juntar cierto número, se le puede premiar con algo (elegir experiencias de preferencia: como ir al parque, ir al cine, tener un día de pelis).

 

    • Se puede acordar ponerle un vendaje o una curita en el dedo, como recordatorio para que no se lo chupe.

    • Se puede acordar ponerle un esmalte en la uña de ese dedo, de los que tienen un sabor amargo, como recordatorio para que no se lo chupe.

    • Se puede acordar colocarle un guante, como recordatorio para que no se lo chupe.

    • Se puede pedir al dentista que les platique de las posibles consecuencias de seguirse chupando el dedo.

Si ves que esta situación está siendo difícil y frustrante, no solo para ti adulto, sino para ell@s, puede ser de utilidad buscar ayuda de un especialista. Alguna terapia que ayude a manejar mejor la cuestión emocional o la raíz de que se chupe el dedo. Recuerda que lo importante siempre va a ser ocuparnos, más que preocuparnos.

Amor y paciencia siempre va a ser importante y necesario para acompañarlos en los diferentes procesos por los que atraviesen.

con cariño,

Johis

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *