Tristemente no tenemos una cultura de prevención. Tendemos a acudir al doctor o tomar cartas en el asunto una vez que ya tenemos el problema o la dificultad, no antes. No solemos hacer chequeos de salud de forma periódica. Más bien, vamos al doctor ya cuando estamos muy enfermos. Y esto debería de cambiar, ya que nos ahorraríamos mucho esfuerzo, tiempo y dinero si hiciéramos las cosas a manera de prevención y no de tratar o curar.

¿Sabías que la vista y la audición es algo que se tendría que valorar al menos una vez al año? Cuando los niños nacen les realizan un tamiz auditivo y uno visual, estos son exámenes de detección temprana que se realizan a recién nacidos para identificar posibles problemas de audición y visión, respectivamente. Estos tamizajes son importantes para el desarrollo saludable de los niños y permiten una intervención temprana en caso de detectar algún problema.



Pero no porque hayan salido bien en estos tamizajes, debemos confiarnos y no volver a revisar estas áreas. Al final los ojos y los oídos están expuestos a estímulos de forma constante, a contaminación, a bacterias, e inclusive a enfermedades comunes como otitis, gripa o conjuntivitis que pueden dañar estos órganos.



Los problemas visuales y auditivos tienen una repercusión directa no solo en el desarrollo y el aprendizaje, sino también en aspectos psicológicos y sociales. De ahí la importancia de su detección y corrección temprana. Los pediatras aconsejan a los padres realizar las pruebas diagnósticas de forma periódica ya que la detección temprana, tanto de problemas auditivos como visuales, permite en algunos casos solucionar el problema y en otros, como mínimo, corregir el grado de audición o visión del paciente.



Una vez que entran a la escuela y que empiezan a exponerse a temas como: recibir instrucciones de forma oral, tener que copiar del pizarrón, empezar con trazo de figuras, letras y números y tener que participar en clase; podrán salir a la luz aspectos en la visión y en la audición de los niños, que quizá en el cotidiano no se han podido observar. Es por eso que como docentes y personal del colegio, debemos estar atentos a los distintos procesos de desarrollo de los niños y cualquier cosa que nos “brinque” debemos reportarla a los padres y solicitar las valoraciones pertinentes.



En mi labor como psicóloga de un Preescolar, una de mis funciones principales consiste en la detección temprana, es decir, en poder detectar aspectos en el desarrollo que no se estén presentando de la forma esperada. Por ejemplo: si notamos que algún niño se acuesta mucho en la banca al escribir, si se acerca mucho al pizarrón, si no logra hacer trazos correctos al copiar estímulos, si no responde cuando se le habla; será necesario verificar cómo están aspectos básicos en su desarrollo cómo es si escucha y ve adecuadamente.



Incluso en las escuelas, muchas veces se llevan a cabo campañas de valoraciones, en donde los papás solo deben pagar una cuota y en las mismas instalaciones del colegio les realizan a los niños las pruebas de vista y audición. Pero lo ideal es que como papás los lleven una vez al año a revisar.



En ocasiones tal vez se necesitarán pruebas más específicas. Por ejemplo, cuando observo dificultades en la visopercepción de los niños, es decir, en su capacidad para reconocer, identificar y discriminar estímulos visuales, permitiendo interpretar y asociar lo que vemos con conocimientos previos (formas, tamaños y colores, así como la relación espacial y la visualización espacial), prefiero asegurarme de que el ojo funciona correctamente. Muchas veces el ojo no ha madurado lo suficiente para llevar a cabo los movimientos que se requieren por ejemplo para hacer un rastreo visual correcto. Para poder saber esto con exactitud, suelo mandar una valoración optométrica funcional.



La revisión optométrica estándar (el típico examen de la vista) se centra principalmente en la agudeza visual (qué tan bien ves de lejos y de cerca). La valoración funcional va más allá, evaluando cómo se utilizan las habilidades visuales en el día a día. Es un examen más exhaustivo de la visión, centrándose en la eficiencia y el rendimiento del sistema visual, que evalúa las habilidades funcionales y percepto-visuales para diagnosticar problemas que pueden afectar el aprendizaje y el rendimiento.



Es recomendable realizar una valoración optométrica funcional por lo menos una vez al año, especialmente en niños, ya que un 75-90% de lo que aprendemos entra por la vía visual. Lo mejor que puede pasar es que todo salga bien en estas valoraciones, pero en caso de que no, entre más temprana sea la detección de las dificultades, mejor y más rápido será el pronóstico y el tratamiento. En ocasiones tal vez solo sea necesario realizar ejercicios visuales o ir a una terapia visual, o usar lentes para corregir padecimientos comunes como miopía o astigmatismo.



En el caso de las audiometrías o pruebas auditivas, lo que se evalúa es:
- Audiometría tonal: Mide el umbral de audición para diferentes frecuencias, determinando qué tan suavemente puede escuchar un sonido.
- Audiometría verbal: Evalúa la capacidad de entender y repetir palabras a diferentes niveles de volumen.
- Pruebas de diapasón: Evalúan la conducción auditiva a través del aire y los huesos, pudiendo detectar problemas en el oído medio o interno.
- Impedanciometría: Mide la función del oído medio y cómo los sonidos se transmiten a través de él.



Esta valoración permite intervenir a tiempo y evitar la progresión de la pérdida auditiva, identificar el tipo y la gravedad de la pérdida de audición y determinar si se necesitan audífonos, rehabilitación auditiva o tratamiento médico.
Como bien se dice “más vale prevenir que lamentar”, así que para qué esperarnos a que en la escuela nos reporten que algo está fallando y mejor agendemos revisiones periódicas de aspectos que inciden de forma tan importante en nuestra vida cotidiana, desarrollo y aprendizaje. Ayudemos a nuestros niños a crecer de la mejor forma y a aprovechar al máximo sus capacidades y sus sentidos. Para esto necesitamos garantizar que no haya nada “fisiológico” que esté afectando.



Y tú, ¿ya valoraste la visión y audición de tus hijos?
Agéndalo ya.
Espero esta información te sea útil.
Con cariño, Johi

