¿Niños saturados?

Vivimos en una sociedad en donde el estar ocupados todo el tiempo, es sinónimo de éxito. Donde se glorifica el tener una agenda llena y existe culpa cuando hay descanso o tiempo libre. Y lo preocupante de esto, es que se está trasladando a los niños.

Los padres están llenando a sus hijos de actividades. Ya no solo es ir al colegio, sino muchas veces es quedarse al After School o llevar actividades extracurriculares por la tarde. Actividades deportivas como fútbol, taekwondo, natación o ballet y gimnasia; artísticas como pintura, piano o cocina; pasando por idiomas como inglés o mandarín. Y la ocasional clase de regularización o en caso de ser necesario o solicitado por la escuela, las terapias (sensorial, lenguaje, aprendizaje). Sin olvidar, las tareas que deja la escuela para que los niños hagan en las tardes en casa.

Por supuesto que puede ser muy benéfico que los niños se vean expuestos y participen en este tipo de actividades, ya que favorecen el progreso de diversas áreas indispensables para el desarrollo óptimo, además de que fortalece lo trabajado en la escuela. El problema surge cuando los niños tienen agendas totalmente saturadas, sin tiempo libre para el juego y el descanso, lo que genera estrés y agotamiento.

Niños, que tienen tantas actividades en las tardes, que ni tiempo tienen para hacer la tarea de la escuela y muchas veces ni siquiera para jugar. Que en la escuela se comienzan a percibir cansados y sin energía. Justo tenía una chiquita en PF que estaba en patinaje de alto rendimiento. Todos los días entrenaba 4 horas en la tarde, y estaba en terapia de aprendizaje y en clases de inglés para emparejarse con el nivel del colegio. Claramente a la escuela venía agotada y dispersa; era demasiado para ella.

Como padres es importante no poner demasiadas expectativas en los hijos; no querer que hagan de todo y mucho menos que sean los mejores en todo. Es imposible. No se puede. Y lo peor que puede suceder es entrar en un círculo de competencia entre los papás por ver qué hijo hace más, sabe más, puede más.

La decisión de meter a los hijos a clases extracurriculares, debe de venir de un interés genuino en que desarrolle ciertas habilidades que le serán favorables en su desarrollo; de que sea algo que también le interese y le guste y que sea algo que le va a sumar en varios aspectos. No tomen decisiones solo porque sea la clase de moda, porque todos sus compañeros van, porque quieres que sea doctor cuando sea grande y eso le podría ayudar. Es decir, no hay que meter a los niños a actividades, nada más por meterlos y tenerlos ocupados. Porque entonces, lejos de favorecerles, puede perjudicarlos.

No queremos niños agotados, estresados, saturados. Queremos niños felices que crezcan y se desarrollen de la mejor manera posible. Que tengan tiempo para jugar, ya que al final es la mejor manera para que aprendan y es lo que les corresponde hacer en esta etapa de desarrollo. Que se aburran, ya que es la mejor manera de que pongan a trabajar su imaginación y creatividad.

Como papás muchas veces nos apanica que los niños digan «estoy aburrido» y para evitarlo, preferimos tenerlos siempre ocupados, con miles de actividades y clases. Sin realmente entender el poder y el gran beneficio que existe en el aburrimiento. Gracias al aburrimiento, los niños desarrollan la autonomía personal, el pensamiento propio, abren su mente a ideas nuevas y desarrollan la imaginación.

Los niños de hoy en día están muy ocupados y saturados de tareas y actividades. Esto hace que cuando hay algún momento libre no saben cómo gestionarlo y demandan más actividades. Cuando en realidad es sumamente necesario que tengan estos espacios y tiempos de no hacer «nada»; el tiempo libre es fundamental ya que muchas grandes ideas surgen en estos momentos de relajación y justo es en esta libertad que el niño puede desarrollar muchas capacidades positivas para su crecimiento.

Entiendo perfecto que muchas veces no queda otra opción, y que si los padres trabajan todo el día, es muy válido que requieran que sus hijos se mantengan ocupados durante ese tiempo. Pero, dentro de lo posible, es importante buscar no saturarlos. Ya que muchas veces incluso en fines de semana, hay clases o competencias, en lugar de poder descansar, jugar y disfrutar en familia. Tomemos ese tipo de cosas en consideración.

Aquí recomendaciones para evitar la saturación:

  • Tener en cuenta sus intereses y su temperamento.
  • Equilibrar la rutina: balancear actividades estructuradas y tiempo libre.
  • Buscar que tenga tiempo y espacio para jugar y descansar.
  • Priorizar juego libre.
  • Que pueda tener días de prueba antes de inscribirlo en la actividad, para que realmente garanticemos que va a disfrutarla.
  • Estar atentos a lo que manifieste física y verbalmente: si está cansado, estresado, decaído. Sobre todo porque muchas veces pensamos que los niños tienen energía inagotable, pero no, y lo peor es que muchas veces no tienen el vocabulario para expresar cómo se sienten.
  • Organizar playdates: encuentros exclusivos para jugar con otros niños.
  • Favorecer el aburrimiento.

Recuerda que así como a ti te gusta descansar, desconectarte, tener tiempo para ti y para hacer las cosas que te gustan… ¿por qué pensar que con los niños es diferente? Ellos también necesitan tiempo para disfrutar, para jugar y sobre todo para relajarse. Evitemos saturarlos y permitamos que sean niños y que disfruten su infancia.

Con cariño,

Johis

 

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