Con el paso del tiempo, los roles de género se han ido transformando y con ellos también el rol de la paternidad. Los padres solían verse como la figura de proveedor y muy pocos realmente se tomaban el tiempo de involucrarse en la vida de sus hijos, conectar con ellos, jugar con ellos, conocerlos realmente.

Afortunadamente, para bien, este cambio nos ha permitido ver, a quiénes nos dedicamos a trabajar con niños pequeños, que cada vez son más los padres presentes e involucrados. Padres que llevan y recogen a sus hijos en la escuela, padres que pueden realmente contestar las preguntas sobre sus hijos en las entrevistas de nuevo ingreso al colegio, padres que acuden a los eventos de la escuela, padres que van a las entregas de evaluaciones, padres que pasan tiempo con ellos… padres presentes.



Pero aún así, hay cosas respecto a esto que llaman la atención. Todavía existen mujeres, parejas y madres que se sorprenden o dudan de la paternidad. Y eso que ellas escogieron a quién sería el padre de sus hijos. Ahora que iba a ser el festival del día del padre en el colegio donde trabajo, fue sorprendente que varias mamás escribieron para preguntar si podían ir al evento a acompañar al papá. ¿Por? ¿No los creen capaces de poder estar en un evento de un par de horas a cargo de sus hijos? ¿Creen que no pueden? ¿Dudan de su capacidad? ¿Creen que lo hacen mal?



Son muchas las posibles respuestas, pero creo que es importante que para que la paternidad siga avanzando hacia donde queremos, como mujeres, madres y como sociedad en general, tenemos que aceptarlo y sobre todo permitirlo. Si bien siempre, el rol de la madre va a ser primordial, sobre todo porque ella es la que carga al bebé en su vientre y es la que puede llevar a cabo la lactancia materna; también el rol de padre es importante e indispensable en el desarrollo de los hijos.



Los padres no podrán realmente llevar a cabo el papel que les toca y les corresponde, si siguen encontrándose con frenos y obstáculos en el camino: si no creemos que pueden hacerlo igual de bien que las mamás, si no dejamos que hagan lo que les toca también (cambiar pañales, darles biberón, bañarlos, vestirlos, despertarse en las madrugadas, etc, etc. no es exclusivo de las mamás), si estamos supervisando constantemente lo que hacen y cómo lo hacen, si volvemos a hacer lo que ellos hicieron porque según nosotros lo hicieron mal, si nos preocupamos cuando están solos con los hijos. Todas estas conductas lo único que hacen es generar inseguridad y coartar algo que también es natural. Por ejemplo, el hecho de que en algunos países y que en México en algunas empresas ya también exista la licencia de paternidad para cuando nace un hijo, es algo que tendría que existir en todos lados y desde hace mucho, porque para que pueda nacer un bebé (al menos de forma natural) se necesita de dos y para criarlo como corresponde, también.



Así como las mamás no nacen sabiendo ser mamás y lo van aprendiendo en el camino una vez que se convierten en madres, lo mismo pasa con los papás. Así que si mamá y papá están juntos en el difícil camino de criar y educar nuevos seres humanos, pues realmente busquen ser equipo. La confianza, la comunicación, los acuerdos y negociaciones son fundamentales para que la crianza funcione, así que a ponerlos en práctica.



Y no me queda más que felicitar y reconocer a aquellos padres que realmente están haciendo una diferencia en la vida de sus pequeños. Sigan por ese camino de estar, aprovechar y disfrutar la infancia de sus hijos, que así como llega, se va. Y tengan la certeza que no le están haciendo un favor a su esposa o a la madre de sus hijos, por hacerse cargo de ellos, sino que están llevando a cabo lo que por naturaleza corresponde al convertirse en padres. Jueguen, platiquen, convivan, disfruten, compartan intereses, apapachen, sean ejemplo.



¡Feliz día del padre!



con cariño, Johis

