Vivimos en un mundo digital y eso lleva a que la exposición de los niños a pantallas sea una realidad que no podemos negar ni evitar por completo. Sin embargo, es importante y necesario conocer los riesgos que esto implica, para buscar contrarrestarlos y para encontrar la forma de limitar su uso.

Muchos padres hacen uso de las pantallas para “entretener” a sus hijos, mantenerlos “tranquilos” y para poder malabarear todas las otras necesidades y responsabilidades existentes. Y ocasionalmente esto está “okay” porque somos humanos y a veces necesitamos de esa “ayuda” y además claro que las pantallas funcionan y cautivan muy bien la atención de los niños. Pero hay que intentar no abusar de este recurso, porque los daños que el uso constante de pantallas tienen en los niños es grave.

Para que los niños tengan éxito, necesitan aprender a concentrarse y enfocarse. Es en los primeros años de vida, en donde el cerebro experimenta un rápido crecimiento, ya que es más sensible a los entornos que los rodean. De ahí la importancia de proveer a los niños con entornos y estímulos favorables, así como tiempo para procesarlos.

Las pantallas envían imágenes y mensajes de forma tan veloz, que es imposible absorberlos y procesarlos adecuadamente, por lo que con ellas, la capacidad de atención y enfoque se ve afectada. Los niños necesitan interactuar con su entorno físico y social, tener experiencias reales, y eso las pantallas no se los dan, lo que puede llegar a afectar negativamente el desarrollo del lenguaje, la atención y la resolución de problemas.

Es a través de la interacción con otras personas que los niños aprenden habilidades socioemocionales como la comunicación no verbal, la empatía y el trabajo en equipo. El tiempo frente a la pantalla no permite que los niños interpreten y aprendan a leer los mensajes no verbales que los gestos, movimientos corporales y la postura del otro brindan.

Esto es muy importante en los primeros años de vida, cuando los bebés y niños aún no desarrollan el lenguaje verbal y todo lo deben interpretar a través de la comunicación no verbal que sólo existe mediante la interacción bidireccional entre los niños y sus cuidadores. La exposición a pantallas reduce entonces, la capacidad para leer las emociones humanas y para aprender a regular su frustración.

Los niños pequeños necesitan aburrirse, necesitan sentir vacío, y necesitan frustrarse, pues solo así podrán ir desarrollando habilidades indispensables como la tolerancia a la frustración, el control de impulsos, la imaginación y creatividad. Cuando reciben tanto estímulo, pierden la capacidad de confiar en sí mismos o en otros para entretenerse y esto limita la capacidad creativa.

Los niños son seres activos por naturaleza, requieren movimiento y juego para aprender y desarrollarse adecuadamente. Sin embargo, la exposición excesiva a las pantallas, aumenta el riesgo de desarrollar hábitos sedentarios y generar problemas atencionales. Esto también puede generar problemas de conducta al favorecer la irritabilidad, agresividad e impulsividad. Aunado a que la luz azul emitida por las pantallas, afectan los patrones y la calidad del sueño, lo que deriva en afectaciones directas en la salud física y mental.

Cómo ven, son un sinfín de afecciones y de impacto negativo el que se recibe por la exposición a pantallas en edades tempranas principalmente. Pero, ¿qué podemos hacer para contrarrestar o limitarlos?
- Establecer límites claros: En caso de que vayan a utilizar pantallas, es importante comunicar los límites de tiempo, por ejemplo a través de un temporizador o una alarma para que sepan cuándo ya deben de terminar de verlas. En momentos clave de la rutina como la hora de comer o de dormir, es recomendable que no estén presentes.
- Ofrecer alternativas de juego: Que los niños cuenten con variedad de materiales y juguetes, que estén a su alcance, así como de tiempo libre que favorezca el juego activo, la creatividad y la imaginación.
- Participar en el juego: De ser posible, busca espacios y tiempos en donde puedan jugar juntos y realizar actividades al aire libre.
- Establecer rutinas de juego en familia: En la rutina semanal, es ideal que siempre exista un momento para convivir y jugar en familia.Pueden crear noches de juegos de mesa o crear circuitos de movimiento.
- Limitar el acceso a pantallas: Establecer en casa áreas libres de pantallas, donde no se permita el uso de dispositivos electrónicos. Por supuesto que deben actuar con el ejemplo y desconectarse también.
- Modelar un uso saludable de las pantallas: Los niños son esponjas que aprenden de observar y de imitar a sus padres y cuidadores. Trata de limitar tu tiempo de pantalla, involucrarte en otras actividades y tener tiempo de calidad sin pantallas con tus hijos (aunque sean 5 minutos).
- Buscar contenido educativo: Si llegan a usar pantallas, tratar que el contenido que los niños vean al menos sea algo educativo, que les pueda aportar algo. Buscar que sean apropiados para la edad, que sea algo que ya conozcas previamente y que sean sitios o aplicaciones seguras donde se garantice que no tendrán acceso a contenidos inadecuados.
- Evitar cuando salgan fuera de casa: Si salen por ejemplo a comer a un restaurante eviten usar el celular en la mesa y ofrecerles pantallas a los niños. Busquen integrarlos en la conversación, platicar con ellos, llevarles actividades para entretenerlos: crayolas y libros para colorear u hojas blancas, juegos de palabras, rompecabezas pequeños, memorama, playdoh, etc. }

La Asociación Americana de Pediatría, sugiere evitar las pantallas en menores de 18 meses. De los 18 a los 24 meses, solo serían recomendables para consumir contenido de calidad y siempre acompañado por adultos. En el caso de niños de entre 2 y 5 años, un máximo de una hora diaria y con contenido educativo. Recomienda también prescindir de las pantallas antes de dormir, usarlas como herramienta educativa y no de distracción y modelar un uso saludable de la tecnología.

Como mencionaba al inicio, no podemos vivir en una burbuja. Tarde o temprano se van a exponer a pantallas, pero tratemos de retrasarlo lo más que se pueda y evitemos usarlas como distractor, como recompensa o como sustituto de interacciones sociales, juegos y actividades que realmente les aporten y apoyen en su desarrollo. Recordemos que los primeros años de vida (0-8 años) son cruciales porque sientan las bases para el desarrollo físico, cognitivo, emocional y social; es cuando más conexiones neuronales se forman en el cerebro, por lo que es muy importante proveer a los niños de los estímulos y los ambientes adecuados para favorecer esto. No etiquetemos la tecnología o las pantallas como algo “malo” o como el “enemigo”, si no tratemos de usarlas a nuestro favor, de encontrar un equilibrio y de respetar las necesidades del desarrollo infantil.

Con cariño,
Johis
Les comparto un poco de bibliografía para complementar:
- Documental Brain Matters. Carlota Nelson.
https://www.youtube.com/watch?v=Hxx-0R0zZwc
Libros:
- La fábrica del cretino digital, de Michel Desmurget
- Cómo las pantallas devoran a nuestros hijos, de Francisco Villar
- The anxious generation, de Jonathan Haidt
