A evitar en este regreso a clases

La entrada a la escuela por primera vez o el regreso a clases para un nuevo ciclo escolar, es un proceso complejo, de muchos cambios, retos y emociones, tanto para los niños como para los padres. Por eso es importante buscar la forma de poder acompañarlos y guiarlos de la mejor manera para que puedan adaptarse y vincularse.

Generalmente nos enfocamos en lo que sí debemos hacer, pero ahora veremos lo que hay que evitar, para no entorpecer el proceso.

  • Irse a escondidas: Muchas veces queremos evitar que lloren o hagan berrinche, que no nos quieran soltar o que se alargue mucho la despedida. Pero es importante que no desaparezcamos sin despedirnos, porque esto rompe la confianza, además de que les va a doler más la ausencia sorpresa que una despedida. Lo ideal es hacer con ellos un ritual de entre 10-15 segundos, en donde les demos un abrazo y/o beso, nos despidamos con una frase y les digamos cuándo volverán a vernos «paso a recogerte después de tu clase de fútbol». La anticipación, la explicación de lo que sucederá y lo que se espera de ellos, es clave en este tipo de situaciones.
  • Tener despedidas eternas: Cuanto más se alarga el momento de la despedida, más van a elevarse los niveles de cortisol y la angustia que sienten los niños. Sobre todo porque el hecho de alargar la despedida seguramente viene de los sentimientos como preocupación, culpa o ansiedad que estás experimentando . Aunque es algo difícil también para los padres, es importante tratar de mostrarse serenos y calmados, ya que los niños perciben y absorben todo lo que sienten y transmiten (aunque sea de forma involuntaria e inconsciente) sus figuras principales. Traten de que la despedida sea corta, concisa, llena de amor y con tono sereno. Pueden acordar algún tipo de ritual, saludo o señal para que sepa con exactitud que ya es el momento de decir adiós.
Side view of cheerful woman talking with smart boy with backpack on sunny day outside school building before studies

– Botón de abrazo: Pintarle un corazón en la palma para que cada vez que los extrañe, apriete el puño y les mande un abrazo directo al corazón.

– Hilo invisible: Hacer una pulsera para cada miembro de la familia para que así todos estén conectados. Señalar la pulsera al momento de despedirse.

– Foto familiar: Llevar una foto en la mochila o el estuche, para que pueda verlos cuando los extrañe mucho. Y al despedirse hacer el guiño de tomar una foto.

– Mandarle un beso a la distancia: hacer la señal de mandar un beso y que ellos lo reciban con la mano haciendo señal de tocarse el corazón o guardarlo en la bolsa del pantalón.

– Inventar y practicar algún juego de manos que puedan hacer rápido al despedirse.

  • Hacer muchos cambios a la vez: El cambio es un proceso complicado que genera retos, emociones fuertes y que requiere de tiempo para lograr la adaptación. Es por ello que no se recomienda que los niños experimenten diversos cambios a la vez. Si va a entrar a la escuela por primera vez o va a cambiar de grado, no es recomendable que al mismo tiempo o en un período cercano de tiempo, viva otro cambio, como pudiera ser: cambiarse de casa, dejar el pañal, retirarle el chupón o la toma de leche. Por lo menos de 3 semanas a 1 mes se recomienda que se mantenga lo conocido y de ser posible incluso las mismas rutinas y horarios. Y posterior a eso, se pueden introducir los demás cambios que sean necesarios, pero siempre de uno en uno. De lo contrario la angustia y las emociones fuertes como confusión, enojo, tristeza o el mismo duelo que conllevan los cambios, sería demasiado para ellos.
  • Invalidar las emociones: Muchas veces podemos llegar a decir frases «tranquilizadoras» como: «no pasa nada», «no llores», «ya eres niño grande» con la idea de ayudarlos a salir rápido de sus emociones, pero además de que no se logra eso, sucede algo peor. No validar las emociones de los niños tiene consecuencias importantes en diversas áreas pero principalmente en el aspecto emocional. Cuando no validamos las emociones de los niños les enseñamos que sus sentimientos son incorrectos o insignificantes, lo que genera frustración, confusión, inseguridad y soledad. A largo plazo, esto puede llevar a la represión de emociones, problemas para identificar y gestionar sus propios sentimientos y los de otros, baja autoestima, y dificultades para establecer límites y expresar necesidades de forma saludable.  Lo mejor siempre es nombrar, reconocer y validar lo que estamos viviendo tanto nosotros como ellos y decir siempre la verdad. «Veo que estás triste de que ya me voy, yo también me siento triste de irme, pero recuerda que nos vemos pronto». «Ahora me tengo que ir a trabajar, pero paso por ti al rato para comer juntos».

La mejor de la suerte en este regreso a clases. No olvides tratar de disfrutar el proceso, pero también permitirte sentir todo lo que tengas que sentir. Recuerda que ese es el primer paso para poder reconocer, entender y así validar las emociones de los niños.

con cariño,

Johis

 

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