Maternidad y culpa

Si algo caracteriza a la maternidad es la enorme cantidad de emociones que se sienten de forma constante. No todo es amor, ni todo es bonito; hay muchas emociones negativas que se mueven en relación a ser mamás. Una de las emociones con mayor frecuencia en la vida de las mamás, es la culpa.

¿Qué es la culpa? El sentimiento de culpa es la sensación interna permanente de haber hecho algo malo, de ser mala persona, de hacer daño a los demás, de haber infringido alguna ley, principio ético o norma, tanto en situaciones reales como imaginarias,​ produciendo un malestar continuado. La culpa en la maternidad surge frente a la enorme responsabilidad que se tiene frente a este nuevo ser humano, que depende en gran medida de ti y al querer hacer todo perfecto y no lograrlo, porque la perfección no existe, surge la culpa al no cumplir con las expectativas impuestas por la sociedad e incluso por uno mismo.

El pensamiento de que su conducta debe ser siempre la mejor, que siempre tiene que saber cómo actuar y que siempre debe anteponer a su hijo ante el resto de necesidades son creencias difíciles de cumplir siempre. Dado que es difícil/imposible cumplir con todas las expectativas que nos formamos de cómo debe ser una buena madre, suelen aparecer pensamientos como: “no soy suficientemente buena como madre”, “no lo sé hacer bien”, “me siento cansada”, “lo podría hacer mejor”, «si ella puede con todo, yo también debería»…

Hay una cuestión indispensable para todo ser humano, pero en especial para las mamás, que es priorizar su bienestar y su salud mental. La mamá no podrá cuidar bien de sus hijos, si no se cuida primero a ella. Pero ahí también es donde puede surgir la culpa. Si se pone primero a ella, si decide descansar, si trata de tener momentos para ella, se puede llegar a sentir culpable, al creer que está incumpliendo la tarea de ser madre y que es egoísta por preferir dedicarse tiempo a ella misma en vez de a su hijo.

La culpa también puede surgir al compararse con otras mamás, cosa que hay que buscar evitar hacer. Cada mamá es diferente, tiene necesidades distintas y también su situación, sus habilidades y todo realmente, es diferente, es personal. Así que si te comparas con alguien más, realmente no habrá manera de alcanzar ese «ideal» porque esa persona no es como tú. Además muchas veces lo que alcanzamos a ver son pequeños atisbos de la realidad de los demás, sobre todo en redes sociales, donde solo se publica lo positivo y donde todo parece ser perfecto. Pero esa no es la realidad, así que debemos dejar de compararnos y de aspirar a esa perfección inexistente y a esos pequeños minutos que las personas muestran de su vida. Ninguna mamá va a subir si su hijo lloró toda la noche y no la dejó dormir, ni el berrinche, ni la desobediencia, ni nada de eso. Recuerda que solo suben lo «bonito» y aparentemente «perfecto».

También la sociedad nos ha hecho creer que las mamás deben de ser supermamás y poder con todo, solas, sin ayuda y hacerlo perfecto. Que las mujeres tenemos instinto maternal y que por eso sabremos perfecto cómo ser mamás. Y nada está más alejado de la realidad. Ni todas tienen instinto maternal, ni todas quieren ser mamás, nadie nace sabiendo serlo, se aprende sobre la marcha con prueba y error y nadie puede hacer todo perfecto, así que ser supermamá no es algo que se pueda lograr. Dejemos de exigirles a las mujeres ser de cierta manera y dejemos atrás los estereotipos en torno a la mujer y a la maternidad. Y nosotras también dejemos de juzgarnos tan fuertemente y de cargar estas expectativas sobre nuestros hombros. Porque evidentemente llegará la culpa de no ser «supermamá» cuando además, nadie lo es.

Si además de toda la presión que de por sí conlleva ser mamá, lo retador y difícil y la enorme responsabilidad, le agregamos que ahora la mayoría de las mujeres se desarrollan en el ámbito laboral, esa presión aumenta al tener que de alguna manera balancear las dos áreas. Entonces aquí surge la culpa de muchas maneras: al sentirse malas mamás por querer seguir creciendo profesionalmente y no ser mamá de tiempo completo, al no poder estar tanto tiempo con los hijos, al perderse ciertos momentos de sus hijos, por dejarlos al cuidado de otras personas, por en ocasiones no confiar en la capacidad de la pareja o del padre para cuidarlos…

Pero la culpa realmente no trae nada bueno. Coloca en una realidad pasiva de sufrimiento y de «no poder hacer nada» y puede llevar a que se caiga en una serie de conductas y patrones que son negativos para los hijos:

  • Sobreprotección
  • Compensación: por ejemplo excesivas recompensas o regalos materiales
  • Falta de límites
  • Inconsistencia

Ahora, la culpa estará presente, pero qué podemos hacer con ella. Lo primero es detectarla como tal, desenmascararla y llamarla por su nombre para traerla al nivel de consciencia y así poderla sustituir por una creencia mucho más sana y eficaz: «no soy culpable, soy responsable». Cuando cambiamos la culpa, por responsabilidad, podemos transitar un camino de mucho más libertad y calma. Es importante poder validar lo que sentimos y tener un espacio en donde lo podamos expresar. Además es vital entender que podemos tener más roles en la vida, y que la maternidad no es algo exclusivo. Se vale tener espacios para ti, se vale y se requiere priorizar tus relaciones sobre todo la de pareja, de vale desarrollarte en el ámbito profesional, se vale tener tiempo para otras cosas.

Ser madre es un aprendizaje constante, un proceso de adaptación, de equivocarnos y de poder rectificar y cambiar para mejorar. Cada mamá es un mundo, y por lo mismo solo tú puedes decidir y elegir el camino a seguir y el cómo actuar. Confía en ti y en tus capacidades. Solo tú sabes lo que es mejor para ti y para tu hijo/tus hijos.

Adiós culpa,

con cariño, Johis

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