La importancia de validar las emociones

De pronto escuchamos mucho lo importante que es validar las emociones de los niños, pero realmente ¿entendemos lo que esto significa y la importancia detrás de llevarlo a cabo?

Validar una emoción es reconocerla como legítima y permitirla ser, sin tratar de negarla o reprimirla. Cuando validamos una emoción transmitimos a la persona que la siente que lo que le está pasando es simplemente aceptado y aceptable, independientemente de que estemos de acuerdo o no con su sentimiento o con su punto de vista. La validación de emociones tiene estrecha relación con la empatía, ya que nos permite de alguna manera ponernos en el lugar del otro y reconocer lo que está sintiendo.

Algo vital en relación a las emociones es lograr comprender que todas las emociones son válidas. Es muy importante que tengamos en cuenta y transmitamos a los niños en el día a día que no existen las emociones ‘buenas’ y las emociones «malas». Todas las emociones son igualmente válidas y sentiremos unas u otras dependiendo de las circunstancias que nos envuelvan.

Para lograr esto es necesario revisar cómo fue nuestra crianza y cómo aprendimos sobre las relaciones y su manejo. La mayoría de los padres actuales fueron educados bajo una crianza autoritaria basada en una alta exigencia y una escasa sensibilidad. Cuando nos convertimos en padres, es frecuente encontrarnos a nosotros mismos repitiendo patrones de nuestra propia educación.

Si hemos tomado conciencia de que queremos establecer un vínculo más sano y sólido con nuestros niños, el camino comienza con sus propias emociones. Es necesario tratar de ayudarlos a comprenderlas, a gestionarlas y a darles significado.

Necesitamos aprender a no caer en la invalidación emocional. Con las prisas y las obligaciones diarias, muchas veces nos cuesta tomarnos el tiempo de reflexionar antes de actuar. Sentimos que no podemos perder tiempo atendiendo a la rabieta o berrinche que ha surgido.

Muchas veces, a nuestros ojos, sus motivos parecen insignificantes en comparación con su reacción desproporcionada, y comenzamos a pensar que se comportan así para retarnos o manipularnos. Pero, si nos ponemos por un momento en su lugar, comprenderemos que, para ellos, esas razones son importantes, y que están experimentando una intensidad emocional que no saben expresar de otra manera.

La realidad es que NO quieren molestarnos ni manipularnos; así que no hay necesidad de comenzar una lucha de poder con ell@s. Por el contrario, necesitan de nuestra comprensión y nuestra guía para aprender a relacionarse con ese estado emocional que les invade.

Debemos darle a las emociones, tanto a las propias como a las de los demás, el lugar y el espacio que les corresponde. No hacerlo puede tener consecuencias terribles, pues no hay nada peor que ignorar o reprimir una emoción. A la larga esto puede traer serios problemas relacionales, emocionales e incluso físicos.

Pensemos, por ejemplo, en un niñ@ pequeñ@ que llora porque no consigue aquello que desea, ya sea jugar más tiempo, no irse a la cama, seguir viendo sus dibujos favoritos, no bañarse, etc. Si ignoramos su llanto, restamos importancia a lo que está experimentando o incluso lo regañamos o gritamos por llorar, le estaremos transmitiendo que sus emociones no tienen suficiente valor para ser consideradas, que no tiene derecho a sentirlas o expresarlas o, peor aún, que no nos importan.

Si normalizamos y sistematizamos este tipo de actuaciones por nuestra parte, puede acabar interiorizando que sus emociones no son importantes. Este hecho, además de minar gravemente su autoestima provocará que trate de reprimir las emociones que experimenta y las viva con muchísima confusión y gran malestar, ya que tratar de negarlas no causará que deje de sentirlas.

¿Cómo poder validar las emociones de los niños?

  • En primer lugar, debemos tener control sobre nuestras propias emociones. Si como adultos no controlamos nuestras emociones, difícilmente vamos a poder enseñar a nuestros hijos e hijas a hacerlo. Recordemos que somos su modelo de conducta.
  • Debemos practicar el autocontrol, potenciar nuestra inteligencia emocional y nuestra empatía. Es importante reflexionar antes de actuar frente a las emociones de los niños.
  • Tal vez nuestro primer impulso sea decirle que “los niños grandes no lloran”, o que “siempre nos hace llegar tarde”. Pero, si miramos con perspectiva, comprenderemos que es más valioso tomarnos ese tiempo extra en acompañarl@ ante su desborde emocional.
  • Dirigirnos a ell@s desde una posición de igualdad, no de superioridad. Agacharnos y ponernos a su altura, mirar a los ojos, tocar cariñosamente.
  • Ayudar a nombrar y describir lo que sienten. En el caso de niños y niñas más grandes, dejar que se explique, practica la escucha activa, solo interviniendo si te lo pide o si percibes que necesita ayuda para comprender o designar lo que le sucede.
  • Nunca le digas que una emoción que esté experimentando está mal. Hazle entender que empatizas con él o ella, que comprendes lo que está sintiendo porque tú mismo has pasado por eso anteriormente. Hazle entender que tiene derecho y es completamente normal sentir lo que está sintiendo en sus circunstancias.
  • Enséñale estrategias y ofrécele herramientas para gestionar sus emociones ¡Estas le ayudarán a canalizarlas o transformarlas en otras más adaptativas o más llevaderas.

Seamos conscientes de que habrá emociones que, por su origen, llevará más tiempo mitigarlas. No te precipites en hacerlas desaparecer. Las emociones negativas llevan su tiempo y su proceso y solo deberían preocuparnos cuando se estancan más tiempo o se quedan “enquistadas”.

¡Algunas opciones o alternativas para ayudar a l@s niñ@s a canalizar sus emociones son:

  • Respiraciones.
  • Ejercicios de mindfulness
  • Relajación muscular
  • Ejercicio físico
  • Descargar contra un objeto
  • Inflar globo
  • Semáforo
  • Termómetro
  • Botella de la calma
  • Rincón de la calma
  • Plastilina o material sensorial
  • Escuchar música/ bailar
  • Hacer un dibujo o rayar hoja.
  • Arte
  • Juego simbólico
  • Escribir una carta
  • Leer un cuento
  • Platicar con alguien
  • Pedir un abrazo

En lugar de minimizar sus emociones o molestarnos por su rabieta, hemos aprendido a dar lugar a sus sentimientos. Hemos aprendido a conectar con él/ella, le hemos comprendido y acompañado, y le hemos ofrecido alternativas para disminuir su malestar. De esta forma, se sentirá amado, respetado y contenido. Irá aprendiendo a identificar sus propios estados emocionales y a lidiar con ellos de una forma sana. Pero, sobre todo, forjará un vínculo de confianza y afecto con nosotros.

Es muy importante validar la emoción para dar paso a su reconocimiento. ENTIENDO, VALIDO Y RECONOZCO.

Entender, validar y reconocer su emoción, no debe ser sinónimo nunca de permitir que hagan con ella lo que quieran: ser groseros, ser agresivos, faltar al respeto, etc. Ahí entra nuestro papel como modelo, ejemplo y guía, brindándoles alternativas para canalizarla de manera positiva.

Con cariño, Johis

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *