La disciplina no es de talla única

Cada individuo es diferente, en todo sentido, por eso al pensar en disciplina, no podemos generalizar y pensar que lo que sirve y funciona para uno, va a funcionar para otros. Ni siquiera la misma estrategia que funcionó con alguien en cierto momento, sabemos si va a servir igual de bien, si se aplica diez minutos después.

Por eso, es indispensable que cuando vayamos a imponer disciplina, aprendamos a observar y escuchar lo que se necesite en ese preciso momento. Generalmente solemos responder a lo que sucede, partiendo de nuestro estado de ánimo y también de lo que es conocido para nosotros y que quizá nos ha funcionado en el pasado. Cuando en realidad tendríamos que responder de acuerdo a las necesidades específicas de cada niño en ese instante.

Además, tampoco podemos olvidar que los niños son eso, niños, y que no podemos esperar de ellos conductas que no vayan acorde a su propia etapa de desarrollo. Muchas veces les exigimos cosas que no son capaces de lograr aún y no es que no se quieran comportar como nosotros quisiéramos, sino que realmente no pueden. No olvidemos que su cerebro sigue en desarrollo y que las áreas que nos ayudan a regularnos y a controlar nuestras acciones aún no están totalmente formadas.

Debemos intentar siempre tomar en cuenta la capacidad del niño en cuanto a su desarrollo, su temperamento y estilo emocional y por supuesto el contexto situacional. Todo esto va a ayudar a poder elegir mejor la estrategia que mejor pueda funcionar en el momento dado. Por eso tratar de implementar lo mismo que nuestros padres hicieron con nosotros o querer usar siempre la misma estrategia, no es la opción. Debemos tomar muchos factores en cuenta antes de decidir qué hacer.

La idea es poder tener algo así como una «caja de herramientas» que nos acompañe por la vida, de la cual podamos ir sacando la que mejor creamos que pueda funcionar dependiendo de todo el contexto. Es cuestión de prueba y error, porque como decía, lo que funcionó ayer, quizá no nos sirva en una hora o mañana. Tener un abanico de opciones nos dará la tranquilidad de tener alternativas en caso de que algo no funcione.

No hay un manual que nos indique con exactitud el camino, es algo que se irá descubriendo con el tiempo, la práctica y siempre en conjunto con el niño. Si aprendemos a conocer a nuestros niños, ellos nos irán dando la pauta de lo que necesitan. Estemos abiertos a escucharlos y no queramos imponer siempre lo mismo; tengamos apertura frente a las diferentes maneras de imponer disciplina, recordando que no hay una sola opción.

con cariño, Johis

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