La disciplina comienza con la conexión

Pensamos en disciplina y automáticamente se nos vienen a la cabeza cosas como autoridad, ser estricto, límites y castigos. Y sí hay un poco de eso, pero la realidad es que la disciplina va mucho más allá. La disciplina debe de ser una oportunidad de conectar con los niños y redirigirlos hacia conductas que les sean útiles a ellos y a toda la familia. La disciplina es una de las aportaciones más afectuosas y educativas que podemos brindar a los niños.

Disciplinar es una tarea muy complicada, sobre todo porque la mayoría de las veces no sabemos como hacerlo de la manera correcta. Pero para lograrlo hay que tener en claro que todos somos capaces de disciplinar con respeto y estímulo , pero también con límites claros y coherentes. Así como el hecho de que el objetivo global de imponer disciplina, no es castigar ni aplicar correctivos, sino enseñar, desde una postura de amor, respeto y conexión emocional.

Cada niño es diferente y por ende ningún enfoque o estrategia es indefectible, pues no todo sirve para todos; es cuestión de prueba y error. Pero lo que sí debiera ser para todos es el buscar suscitar la cooperación y ayudar al niño a comportarse de forma aceptable y evitar las conductas que no lo sean. Este objetivo es a corto plazo, pero el objetivo a largo plazo y por ende el objetivo principal debe ser que los niños desarrollen destrezas y la capacidad para manejar situaciones exigentes, frustraciones y complicaciones emocionales; es decir, que desarrollen el autocontrol y una brújula moral.

Esto se logra con una disciplina efectiva, la cual no es solo la que interrumpe una conducta inadecuada, sino la que enseña habilidades y alimenta las conexiones cerebrales que le ayudarán a tomar mejores decisiones y a desenvolverse bien en el futuro. Es criar a los hijos tomando en cuenta las capacidades de su cerebro.

El primer paso de la disciplina efectiva es conectar con los niños a nivel emocional. La relación con ellos debe de ser la clave en todo lo que hagamos. Hay que buscar sobre todo la conexión, darles atención, respeto, escucha y apoyo siempre, nos guste o no nos guste su conducta. De hecho, cuando se porten mal, es cuando más van a necesitar la conexión con nosotros. Pero ojo, conexión no es lo mismo que permisividad. Conectar con los niños cuando se está disciplinando no significa dejarles hacer lo que quieran, al contrario, es darles lo que necesitan, incluyendo límites. La conexión profunda y empática puede y debe combinarse con límites claros y firmes.

Los niños estresados son más reactivos,por eso es importante primero conectar y ayudar a tranquilizar, para que pueda oírnos y entender lo que decimos. Después ya podemos redirigir hacia una conducta más apropiada y ayudar a encontrar un comportamiento mejor. Decir que «no» y marcar límites les ayuda a descubrir la previsibilidad y la seguridad en un mundo, que de lo contrario, sería caótico para ellos.

Hay que escoger situaciones cotidianas y puntuales y usarlas como oportunidades para establecer contacto con los niños y enseñarles lo que es importante. También hay que prestar atención a las emociones, lo que va a traer más calma y cooperación de su parte.

En lugar de ser reactivos, debemos buscar ser receptivos, intencionales y tomar decisiones conscientes. Hay que tener en cuenta varias opciones y escoger la que lleve a un enfoque reflexivo. Tener en claro lo que queremos conseguir realmente cuando se portan mal y tener una estrategia clara y coherente para responder a la «mala conducta». Para lograr anular nuestro cerebro reactivo, es importante tener buenos hábitos y tener cubiertas nuestras necesidades primarias: sueño, alimento, calma. Pausar entre lo reactivo y lo receptivo es el comienzo de la elección, la intención y la habilidad como padres.

Así que si queremos realmente disciplinar a los niños de forma efectiva, es importante empezar conectando con ellos y prestándoles atención sobre todo a nivel emocional.

con cariño, Johis

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