Estrategias de redirección

Antes de proceder a la redirección, es importante preguntarnos ¿está preparado? ¿estoy yo preparado? Hay que hacer una pausa, respirar y tratar de no reaccionar, castigar o regañar llevándonos por el enojo. Si se han equivocado de alguna forma, hay que buscar redirigir hacia el cerebro superior y para eso es importante estar nosotros también en el mismo canal. El modo de responder ante la conducta, tendrá un gran efecto en el modo en que se desarrolle la situación. Es mucho más sensible escuchar, empatizar y entender realmente la experiencia, que reaccionar.

Como no hay una sola estrategia universal, hay que intentar y a través de la prueba-error encontrar aquellas estrategias que mejor nos funcionen en cada situación y con cada niño en particular:

  1. Reducir palabras: Es importante abordar el asunto y enseñar la lección, pero de forma concisa. Evitemos saturar de información y de input sensorial. Una vez que se haya afrontado el comportamiento y los sentimientos subyacentes, pasemos a otra cosa.

2. Aceptar emociones: Hay que ayudarlos primero que nada a distinguir entre sus sentimientos y sus acciones. El mensaje que debemos tratar de que comprendan es «puedes sentir lo que quieras y es válido, pero no puedes hacer lo que quieras». Como padres es necesario ofrecer una respuesta «contingente», es decir, sintonizar nuestra respuesta con lo que está sintiendo para así validarlo. Dicha validación comienza a calmar y regular su reactividad.

3. Describir no predicar: Debemos limitarnos a describir lo que vemos, para que el mensaje que reciban sea con menos agobio y sin estar a la defensiva. Al describir lo que vemos, la responsabilidad de decidir la respuesta a la observación recae en el niño, lo que permite que ejercite su cerebro superior. Con esto se le brinda la oportunidad de defenderse, disculparse o enmendar si es necesario.

4. Implicar en la disciplina: La disciplina será mucho más respetuosa y efectiva, si inician un diálogo, un acto recíproco y colaborativo, en vez de soltar un monólogo. Una vez que hemos conectado, y está listo y receptivo, se puede iniciar el diálogo que lleve a la percepción, a la empatía y a la reparación integradora. Cada vez que los involucramos en el proceso disciplinario, se refuerza el vínculo entre padres e hijos.

5. Reformular un NO en un SI condicional: El NO activa automáticamente un estado reactivo: luchar, huir, quedarse quieto. En cambio, un sí de apoyo activa los circuitos de compromiso social, con lo que el cerebro se vuelve más receptivo. La clave es identificar y empatizar con el sentimiento, mientras creas estructuras y destrezas.

6. Subrayar lo positivo: Intentar afrontar el mal comportamiento, centrándonos en los aspectos positivos de lo que hacen. En lugar de concentrarnos en lo que no queremos, podemos hacer hincapié en lo que realmente queremos. Esto también permite entender y percibir que cuando toman buenas decisiones y se desenvuelven bien, lo notamos y valoramos.

7. Enfocar la decisión de forma creativa: Las bromas pueden ser un método eficaz para reventar la burbuja de las emociones intensas y ayudar a recuperar el control de sí mismo. Si mostramos al cerebro algo que no ha visto antes o algo que no esperaba, prestará atención. El interés por la novedad es una de las principales razones por las que el humor y las «tonterías» pueden ser útiles en un momento disciplinario, además de que transmite la ausencia de amenazas. También brinda una sensación divertida de conexión.

8. Enseñar herramientas de visión de la mente: La idea es transmitirles que no tienen porqué ser víctimas de acontecimientos externos ni de emociones internas, pueden utilizar la mente para hacerse cargo de cómo se sienten y actúan. Podemos ayudarles a dar su opinión de cómo se sienten y cómo ven el mundo. Usando simplemente una herramienta de visión de la mente, pueden gestionar sus emociones, impulsos y acciones con mayor eficacia. Necesitamos que además de vivir la experiencia, sean capaces de observarla y reconocer lo que sucede tanto en su cuerpo como en su cerebro. (imagen inferior)

Ahora, con estas 8 estrategias, podemos comenzar a disciplinar a los niños, tomándolos en cuenta, validando sus emociones y redirigiendo su conducta, haciéndolos no solo observadores sino también agentes de cambio.

con cariño, Johis

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *