En la vida de la mayoría de los niños (los que tienen el privilegio de poder ir a la escuela) van a existir dos principales contextos; su casa con su familia y la escuela con sus maestros y pares. Ambos son indispensables en el desarrollo integral de los niños, pero para que esto realmente suceda, el trabajo debe de ser en equipo.

Tenemos que partir del hecho de que los primeros meses y generalmente años de vida, los niños aprenderán, absorberán y comenzarán a conocer el mundo a través de sus principales figuras que suelen ser sus papás. Es decir, la principal educación (hábitos, valores, manejo emocional…) que reciben es a través de ellos, sus primeros modelos.



Una vez que deciden meter a los hijos a la escuela, la labor de enseñanza será compartida. Muchas veces los papás se pueden llegar a confundir pensando que la escuela se encargará por completo de la educación de los niños y que ellos se pueden deslindar, pero no hay nada más equivocado. ¡Porqué? Por que la escuela no educa, sino que refuerza, acompaña y apoya todo aquello que los niños aprenden en casa y en el mundo real. Se enfoca en contenidos más académicos (que desde ciertos grados de preescolar van de la mano de la SEP), pero lo verdaderamente importante, se va a aprender primero en casa. Con la idea de que se vaya consolidando y reforzando en la escuela, ahora ya con los pares, que también son unos grandes maestros.



En la escuela se reforzarán los hábitos que se aprenden inicialmente en casa (lavarse las manos, comer saludable, esperar turnos ser respetuosos…), la parte social ahora con los pares, la autonomía, resolución de problemas y manejo de emociones. Es decir, se van consolidando las bases que se fueron construyendo desde casa. Sin los cimientos de casa, lo de la escuela no tendría sentido y se «caería».



De ahí que sea de vital importancia el vínculo que se vaya creando entre escuela y casa, que se forme comunidad y que se trabaje en equipo. En teoría ambas partes tendrían que tener como objetivo el bienestar integral de los niños, entonces esto no tendría porqué ser difícil. Para que dicho objetivo se cumpla, ambas partes deben estar alineadas, ser congruentes y consistentes. Imagínense la confusión que se puede generar en los niños, si cierto valor, cierta rutina, cierto límite es de una forma en casa y de otra totalmente diferente en la escuela: caos total, incertidumbre y descontrol.



Hacer comunidad, además de favorecer el trabajo en equipo enfocado al bienestar de los niños, favorece: el sentido de pertenencia, participación dentro de una convivencia sana, constancia y congruencia, socialización con pares y familias, motivación e interés por aprender, seguridad y confianza en el entorno.



¿Qué se puede hacer entonces para crear comunidad?
- Acercarse y conocer al personal del colegio, desde las personas de intendencia y vigilancia, hasta los directivos.
- Buscar conocer a los padres de familia. Tratar de convivir y organizar playdates en casa o fuera del colegio.
- Ir a los eventos que organice el colegio.
- Atender las juntas ya sea presenciales y virtuales, para enterarse de información importante.
- Estar en contacto continuo con las maestras.
- Cumplir con las tareas.
- Conocer la filosofía, visión y misión.
- Estar involucrados y participar en todo aquello que se pueda (eventos, asociación de padres, clases abiertas…)
- Trabajar la confianza: tener la seguridad de que eligieron la escuela adecuada y transmitir esa confianza.
- No pretender que la escuela haga todo.



Recuerda que la educación de los niños debe ser un trabajo siempre en equipo. Eduquémoslos en el ejemplo y hagamos realmente comunidad.
con cariño, Johis

