Emociones frente al regreso a clases

Frente a la incertidumbre con la que hemos estado viviendo últimamente, es normal tener confusión y sentimientos encontrados en relación a qué decisión tomar respecto al nuevo ciclo escolar. Probablemente el miedo sea una de las principales emociones que sentimos; miedo a contagiarnos, miedo a que se contagien nuestros hijos, miedo a que las escuelas no estén preparadas, miedo a los protocolos que se llevarán a cabo; en fin, miedo a tantas cosas.

La ansiedad y el estrés pueden ser otras emociones muy presentes, las cuales surgen a partir de esta incertidumbre, de este imaginar y preocuparnos por el futuro y por lo que pueda o no pasar. La desesperación y frustración son otro combo que puede rondar de manera constante, pues ya fue mucho tiempo de esta «nueva normalidad» que ya nos urge que termine, y cada día es un reto enorme en todas las áreas de la vida.

Pero no somos los únicos que estamos experimentando esta revolución emocional, los niños también lo están viviendo. En gran parte, porque nosotros como adultos les transmitimos lo que sentimos y ellos como esponjitas todo perciben y todo absorben. Pero en su caso, el tema es un poco más complicado, porque sobre todo si están en la primera infancia (0-5 años) no están preparados para entender y manejar lo que sienten. Por eso puede que reaccionen de manera «negativa» con berrinches o aislándose.

Para ellos está situación tampoco ha sido fácil, han tenido que adaptarse a nuevas formas de aprender, comunicarse y convivir con otros. Muchos ni si quiera conocen realmente el mundo exterior, porque casi no han salido de casa, y por ende tampoco han podido socializar con sus pares. Todo esto puede impactar de forma importante su desarrollo integral, pero también generarles sentimientos de soledad e inseguridad.

Frente a todo esto, es importante nuestra participación en todo el proceso. Somos sus modelos y guías para todo, su principal referencia. Necesitan de nuestra ayuda para entender qué está pasando, qué están sintiendo y cómo pueden manejarlo. No les escondamos lo que sucede, ni finjamos que estamos super tranquilos cuando no es así. El mostrarnos vulnerables frente a ellos y explicarles de forma aterrizada lo que sentimos y porqué nos sentimos así, es una gran forma de modelarles y enseñarles sobre la identificación y manejo emocional.

Podemos preguntarles qué sienten y en dónde lo sienten; tratar de normalizar la situación al mostrarles que todos nos hemos llegado a sentir así y que no son los únicos; intentar explicarles porqué se sienten así; buscar que le pongan nombre a lo que están sintiendo; brindarles estrategias para que se sientan más en control de sus emociones; practicar ejercicios de respiración y de mindfulness.

Pero de lo más importante que podemos hacer, es validar su emoción, pues esto justamente da paso al reconocimiento. Entiendo, valido y reconozco la emoción. Y esto no es para nada sinónimo de permitir que hagan lo que quieran con lo que sienten (ser groseros, hacer berrinches, pegar…). Al revés es un acto de empatía, de ponernos en sus zapatos y hacerles ver que entendemos lo que están sintiendo y así dar paso a ayudarles en la búsqueda de las estrategias o alternativas que mejor les funcionen para canalizar de manera positiva esto que sienten.

Ya sea que hayan elegido el regreso a clases de manera presencial, de forma virtual, homeschool, con burbujas, o que aún no sepan qué harán, es importante buscar transmitirles a los niños seguridad y calma dentro de todo este caos, que no se sientan asustados frente a lo que van a vivir, que al revés tengan emoción y motivación de iniciar un nuevo ciclo escolar. Démosles las herramientas que necesitan para cuidarse y ser responsables, el correcto uso del cubrebocas, la sana distancia y el lavado de manos adecuado. Dejemos que se involucren en el proceso, que elijan sus útiles, que acomoden su mochila o su espacio en casa, que sean parte de la creación de la rutina. Esto les ayudará a disminuir su ansiedad y a sentir may

Suerte con el remolino de emociones, sepan que no están solos en esto. Y entendamos que las emociones que sentimos son solo una parte de nosotros, que de ninguna manera nos definen y que no podemos permitir que manejen nuestra vida. Hay que enfrentarnos a esto con responsabilidad y cuidado, pero no dejemos que por ejemplo sea el miedo el que nos rija y nos paralice. Usemos las emociones como trampolín y como enseñanza, para salir resilientes de esto y para ser el mejor ejemplo para nuestros hijos.

con cariño, Johis

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