¿Durmiendo juntos?

Cuando nace un hijo, lo normal y natural es mantenerlo cerca para cuidarlo, alimentarlo y tenerlo seguro. Muchos padres llevan a cabo el llamado colecho, que es una práctica en la que el bebé duerme con uno o con los dos padres. Puede ser practicado en la misma cama, en camas contiguas o cama y cuna unidas. El tiempo recomendado para esto es generalmente de 6 meses, tiempo en el que el bebé ya puede dormir solo en la cuna e incluso en otro cuarto.

Hay quienes alargan el tema del colecho por más tiempo y que llevan a cabo la lactancia a libre demanda, razón por la que es más sencillo tener al bebé cerca para poderlo alimentar cuando así lo requiera o lo pida. Hay grandes beneficios del colecho: el bebé aprende a dormir tranquilo, se genera un vínculo y se favorece el apego, hay mayor calidad en el sueño del bebé, favorece la lactancia materna, los padres descansan mejor, ayuda a regular la temperatura, entre algunos otros más.

Respeto mucho las prácticas que cada uno decida implementar, pues todo depende de las necesidades de cada familia y cada quién debería siempre hacer lo que le de paz. Y estoy muy de acuerdo en todos los beneficios que brinda el colecho y lo importante y necesario que es tener al bebé cerca en los primeros meses, sin embargo creo que muchas veces el colecho se alarga demasiado. Es decir, en mi opinión ya no es sano que un niño de más de 3 años siga durmiendo en la misma cama o en el mismo cuarto que los padres.

En caso de que los padres tengan una relación de pareja y estén juntos, es indispensable priorizar dicha relación, tener su espacio y tiempo juntos y sus momentos de intimidad. Esto se ve entorpecido y afectado cuando hay un tercero durmiendo ahí. La relación de pareja es de dos y esto es lo que el hijo debe comprender, sino el mensaje que recibe es que la relación es de tres. Es importante reforzar el concepto de que la pareja es una entidad separada y es la relación más importante en el núcleo familiar. Esto porque si los padres (de forma independiente y en pareja si es que lo son) están bien, será mucho más fácil que los hijos estén bien y tengan el cuidado adecuado. Además, en caso de que los padres lleguen a tener relaciones sexuales con el hijo junto, aunque esté dormido, es considerado un tipo de abuso, por lo que hay que tener mucho cuidado con eso.

El que el hijo tenga un lugar propio en el cual dormir; su propia cama, su propio cuarto, ayuda mucho a formar su identidad, a ir forjando su independencia y autonomía y hacerlo menos dependiente de otros. Sobre todo, ayuda también a favorecer el apego seguro, ya que va preparándolos a separarse de los padres sin miedo ni angustia, y por ejemplo hará mucho más sencillo el proceso de adaptación cuando entren al colegio. Permite también que todos tengan su espacio propio, el cual es sano y vital, y esto a la larga también ayudará a que todos puedan descansar adecuadamente.

Hay diversas opiniones al respecto, pero lo que yo recomiendo es que a más tardar al año de edad, el hijo ya tenga su espacio propio. Si ya el hijo es más grande y no han logrado o no han querido aún hacer la separación y buscan hacerlo, será importante anticiparle, explicarle lo que va a suceder y los motivos por los que habrá un cambio y algo que ayudará bastante será involucrarlo en el proceso, es decir, quizá permitirle que ayude a elegir la decoración o el acomodo de su cuarto. Se tendrá que tener paciencia y quizá tengan unas cuantas noches de no dormir bien, pues lo más seguro es que se despierte y busque dormir de nuevo en la cama con los padres, pero la constancia y firmeza en dicho límite, le permitirá poco a poco asimilarlo y adaptarse.

Ayudemos a tener niños seguros, independientes y con identidad propia.

con cariño, Johis

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