Cómo enseñarles a ser responsables

Uno de los principales valores que como padres creemos importantes que los hijos aprendan es la responsabilidad. Ser responsable a grandes rasgos es, cumplir con las obligaciones y ser cuidadoso al tomar decisiones y actuar tomando en cuenta las posibles consecuencias. Pero, ¿cómo lograr transmitir esto que es tan complejo a los niños?

Las raíces de la responsabilidad están en enseñar a los niños a ser miembros cooperativos de su familia y de su comunidad. Desde muy pequeños se les puede involucrar en las tareas domésticas, siempre de acuerdo a su edad y a sus capacidades, pero al hacer esto, se actualiza la participación de los niños en la familia, sintiéndose capaces y sintiéndose parte. Una forma de lograrlo es a través del ejemplo, que vean que todos en casa son un equipo y que todo funciona mejor si todos ayudan y cooperan.

Las tareas domésticas vinculan a los niños con los valores de la familia y al reforzarles el sentido de logro y de participación, también se trabaja en fortalecer su seguridad y autoestima. Algunas tareas que pueden ir haciendo los niños son:

  • Recoger sus juguetes.
  • Si tienen mascotas, acompañar a los padres a darles paseo (perro), y ayudar en su alimentación.
  • Dejar la ropa sucia en el cesto.
  • Poner la mesa.
  • Recoger los platos sucios.
  • Hacer su cama.
  • Regar las plantas.
  • Vestirse solos.
  • Elegir su ropa.
  • Mantener limpio y ordenado su cuarto.
  • Ayudar a lavar los platos.
  • Sacudir, barrer.
  • Secar los platos mojados.

Hay que evitar siempre hacer por los niños lo que ellos ya pueden hacer por sí solos, además involucrarlos en las tareas del hogar que veamos que ya pueden llevar a cabo, los hará más autónomos y les fortalecerá valores necesarios en la vida social como la cooperación, el trabajo en equipo y la actitud de servicio.

Algo importante para enseñar la responsabilidad es dejar de sobreproteger a los hijos. Muchas veces como padres, prefieren enfrentarse a las consecuencias del problema o de la situación, aceptando sentimientos de enojo, culpa y frustración, para evitar que sean los niños los que los reciban y sientan. Pero cuando son los padres los que aceptan la peor parte de las consecuencias tanto emocionales como tangibles de la conducta negativa que llevan a cabo los hijos, terminan aceptando la responsabilidad, y por ende los niños ni enterados de esto y claramente así no van a aprender a hacerse responsables de sus actos. Al final, la única persona que puede resolver realmente el problema o la situación, es el propietario, es el que actúo o dejo de hacerlo: el niño.

Los padres no tendrían porqué agonizar por lo que los hijos hagan o no hagan, ya que ellos son perfectamente capaces de agonizar por ellos mismos. Evidentemente lo que menos se quiere es que los hijos sufran o la pasen mal, pero si les evitamos este «sufrimiento», también les estamos evitando el aprendizaje y el hecho de entender acerca de las consecuencias naturales que existen y que al final nos van haciendo personas responsables.

Se tiene que dejar que los hijos experimenten las consecuencias naturales de su actuar o de su no actuar, que se sientan mal al respecto y que entonces busquen maneras de enmendar lo sucedido. De esta forma estaremos formando personas responsables, conscientes, empáticas y con habilidades sociales para relacionarse de forma eficaz en el mundo.

Con cariño, Johis

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