Dejar a los niños, ser niños

Muchas veces como adultos controladores que somos, queremos que todo salga perfecto, que nuestros niños no sufran ni la pasen mal, y entonces cometemos un enorme error- hacer las cosas por ellos, o empezar a tratarlos como mini adultitos. Esto también pasa por la preocupación enorme que solemos tener por el futuro, pensando que queremos lo mejor para ellos y teniendo unas expectativas enormes, olvidándonos de algo vital: concentrarnos en el aquí y ahora y en el hecho de que solo son niños y que hay que dejarlos ser.

En lugar de poner estas expectativas enormes, lo que como padres y maestros debemos de hacer es, tratar de ver el mundo a través de los ojos de los niños pequeños, con esa pureza, inocencia, curiosidad y capacidad para sorprendernos. Este cambio de perspectiva va a permitir una mejor comprensión de sus necesidades e intereses, lo que llevará a que podamos cultivar mejor las habilidades únicas de los niños.

No debemos olvidarnos de que nosotros también fuimos niños en algún momento. Y es que justo esta «adultización» viene de una falta de atención sobre lo que motiva a los niños y sobre todo una falta de fe en lo que son capaces de hacer. Recuerdo muy bien algo que me dijo mi coordinadora, en los tiempos en los que fui miss de preescolar, «siempre ten expectativas altas sobre todos tus alumnos, confía y cree que son capaces de lograrlo». Y es cierto, muchas veces somos nosotros mismos los que los vamos limitando al considerar que no van a poder hacer ciertas cosas, sin siquiera darles la oportunidad de intentarlo.

La naturaleza de los niños es muy clara; ellos necesitan moverse, explorar, descubrir, tocar, sentir, jugar. Y eso es justo lo que tenemos que permitirles hacer y facilitar que hagan. Dejémoslos ser, así libres, activos, curiosos y exploradores por naturaleza. No los limitemos al pretender que estén perfectamente limpios, sentaditos y quietecitos, porque eso solo va a generar frustración y va a limitar su enorme potencial. Los niños tienen el derecho de ser niños y necesitan serlo, no frenemos esa etapa tan maravillosa. Es más, tratemos nosotros de volver a ser niños, al interactuar con ellos, dejemos que nuestro niño interno salga y nos permita comprenderlos mejor y disfrutar la vida intensamente.

con cariño, Johis

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