¿Cómo ayudar a los niños frente al cambio?

Un cambio para un niño es una revolución total, una pérdida y por ende un duelo. Ellos no cuentan con las herramientas suficientes ni con la capacidad para realmente entender lo que un cambio significa, ni cómo manejarlo. Por supuesto que podemos irles dando estrategias y mantenernos cerca, pero ellos enfrentan los cambios generalmente con más dificultad que nosotros. Y para nosotros puede ser complicado ser testigos de esto, porque pueden llegar a manifestar conductas que nunca antes habían mostrado y estarán experimentando mucha volatilidad emocional. Pero que no cunda el pánico, porque podemos ayudarlos a enfrentarlo mucho más preparados. 

Frente a cualquier cambio, ya sean separaciones, divorcios, cambios de casa, días más largos en la escuela, llegada de un hermanit@, fallecimiento de un ser querido, o en este caso el confinamiento por coronavirus, es importante siempre explicar al niñ@ la verdad lo más pronto posible. Puede ser de manera verbal, a través de un cuento o historia, con apoyos visuales… de la manera en la que crean que comprenderá mejor. Siempre es mejor explicarles para que así no se angustien más de la cuenta ni generen sus propias fantasías o ideas al respecto. 

La intensidad de los sentimientos que vaya a tener, va a depender de varios factores:

  • La ansiedad de separación (qué tanto le cuesta separarse de las cosas o las personas y qué tan difícil son para él/ella los cambios en general)
  • La preparación que se le dio sobre el cambio (si se le explicó de último momento o se le anticipó con tiempo)
  • La calidad de la relación existente con la o las personas involucradas.
  • La fuerza del apego: dependencia o independencia que se ha generado con una persona, amigos, maestra, escuela en general, etc.

Acompañarlos en el cambio y en el duelo, significa no apartarlos de la realidad que están viviendo, con el pretexto de ahorrarle sufrimiento. Incluso los niños más pequeños son sensibles a la reacción y a las emociones de los adultos, a los cambios en la rutina, es decir, se dan cuenta que algo pasa y les afecta. Es por eso que es importante acompañar y ayudarlo a comprender el cambio o la pérdida de una manera que no lo afecte para siempre. 

De acuerdo a su edad, pueden llegar a manifestar ciertas emociones o conductas:

  • Hasta los 2 años: Angustia y estrés general, reacciona sobre todo a la angustia de la figura materna. 
  • De 2 a 5 años: Confusión, aparentan que no les afecta y hacen repetidas preguntas de lo mismo. No se comprende el cambio como algo permanente y puede llegar a sentir culpa pensando que él/ella lo provocó, por ejemplo, porque no se portó bien. 
  • De 5 a 8 años: Niega el cambio y actúa con enojo, tiene pensamientos mágicos, pensando que puede revertir las cosas o cambiar la situación. 
  • De 8 a 12 años: Shock, negación y estrés, comprende lo irrevocable de la pérdida o el cambio y si no se maneja adecuadamente puede presentar comportamiento fóbico. 

Todas estas reacciones son totalmente naturales y normales, por lo que no hay que preocuparnos, sino ocuparnos. Mantenernos cercanos, escucharlos, validar sus emociones y explicarles a su nivel lo que está sucediendo, enfatizando en que es algo temporal, que no siempre se van a sentir así. 

Reacciones habituales de los niños frente al cambio:

  • Perplejidad o negación: pueden parecer totalmente confusos sobre lo que ha ocurrido o se niegan a creerlo. Es posible que pregunten de manera reiterada lo que ya se les explicó, por lo que hay que ser muy pacientes para explicárselos cuantas veces sea necesario. Puede suceder que los niños sigan comportándose o hablando como si las cosas no hubieran cambiado “mañana que vaya al colegio le voy a enseñar a la miss mi dibujo”.
  • Regresión o comportamiento infantil: Pueden empezar a hablar como niños más chiquitos, volver a hacerse pipí fuera del baño, chuparse el dedo, pedir biberón en caso de ya usar vaso, querer ser cargados en brazos cuando ya caminan, etc. 
  • Ambivalencia: A algunos niños parece no afectarles en lo absoluto y responden ante la situación con preguntas o afirmaciones inadecuadas. Aunque puede ser desconcertante para nosotros, es bastante común. Significa que no ha aceptado o afrontado el hecho, aunque comprenda lo que ha sucedido o está sucediendo. Lo habitual es que vayan viviendo su proceso alternando fases de preguntas y expresiones emocionales, con intervalos en los que no menciona nada al respecto. 
  • Sentimientos de rabia y enfado: Puede expresarlo de muchas formas: irritabilidad, pesadillas, juegos ruidosos, travesuras, aislamiento. Es frecuente que dirijan el enfado hacia una persona en particular, así que no se lo tomen personal y es necesario permitirles que saquen esa rabia, ya sea gritando, corriendo, saltando, pegándole a la almohada, teniendo su rincón de la calma, o lo que sea que le funcione para expresar lo que siente. 
  • Volatilidad: Al no saber manejar sus emociones, es normal que muestren en un período corto de tiempo una gama enorme de emociones. Pueden despertar contentos y cariñosos y al ratito llorar o gritar una hora seguida sin control. De pronto abrazarlos con mucho amor y a los cinco minutos correrlos de su cuarto. Intentemos ayudarlos a poner en palabras lo que sienten y mantengámonos cerca para consolarlos y contenerlos. Pero también es válido que si piden estar solos, les demos su espacio. 
  • Expresión a través de los juegos: Los niños utilizan los juegos o los dibujos para expresar lo que sienten, sobre todo cuando no tienen todavía el lenguaje o las herramientas para hacerlo de forma verbal. Brindémosle el espacio para que pueda representar lo que siente. 
  • Comprobación de la realidad: Al principio es posible que parezca que saben y aceptan lo que ha ocurrido, pero después de varios días o semanas, pueden preguntar respecto al cambio o la pérdida. 

Cómo apoyarlos:

  • Si es posible, anticiparles lo que va a suceder. Con imágenes, cuentos o palabras y en un lenguaje sencillo, explicarles el cambio que van a enfrentar, para que puedan irse preparando y comiencen a comprender lo que va a pasar. No olvides que siempre hay que hablarles con la verdad y explicarles. Los niños entienden todo si se los decimos con un lenguaje que esté a su nivel. 
  • Mantenernos física y emocionalmente cerca. Es básico que comprenda que, a pesar del cambio, el amor de sus padres se mantiene intacto. 
  • Evitar mostrarnos angustiados o alterados frente al cambio y buscar platicarlo con ellos con naturalidad. 
  • Mantener la rutina lo más posible. El tener certeza de lo que va a ocurrir, siempre les da tranquilidad y les permite saber qué esperar del día. Manejar un horario visual le permitirá ubicar mejor qué actividad le toca, cuáles ya hizo y cuáles le faltan. 
  • Hacerle sentir querido y mantenerlo en contacto con sus seres queridos, ya sea visitándolos, teniendo llamadas o videollamadas con ellos. 
  • Garantizarle al máximo su estabilidad. Evitar que enfrente otro tipo de cambios. Ayúdalo a que vea qué elementos o cosas se mantienen igual (aquí entra la importancia de la rutina). 
  • Ayudarles en su manejo emocional. Buscar estrategias para que logre verbalizar o expresar lo que está sintiendo. Darle espacio para que saque sus emociones. Crearle un espacio en casa, que sea su rincón de la calma, a donde pueda acudir para tranquilizarse. Puede tener una caja o canasta con materiales que le ayuden a calmarse (cuentos, peluche o almohada, masita, burbujas, libro para colorear, etc)
  • Direccionar la atención: Los cambios inesperados pueden generar un sentimiento de no tener el control. Frente a esto, podemos intentar mostrarle justamente aquello que sí pueden controlar. Por ejemplo: ¿qué color de playera te vas a poner hoy, la roja o la azul?
  • Un tiempo para preocuparse: Se puede establecer un tiempo específico al día (10-15 mins) para que puedan platicar acerca de sus preocupaciones. Hacerlo evitará que se preocupen en otros momentos. 
  • Herramientas para la adaptación: Puedes mostrarle o platicarle todos los cambios que ha vivido y cómo ha logrado salir adelante y adaptarse a cada uno de ellos. Hacerle ver las capacidades que tiene. 

Suerte con los cambios,

Johis

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