2020… viviendo en confinamiento

Empecé este 2020 muy emocionada, porque iba a cumplir treinta años. Lo empecé con la mejor actitud; con un nuevo trabajo, que era por fin el trabajo que llevaba mucho tiempo buscando; con muchos festejos por mis 30s, incluido un viaje increíble con mi familia a Nueva York. Todo pintaba padrísimo. Y no llevábamos 3 meses de haber empezado el año, cuando PUM, llega una pandemia, y no cualquiera como la que tuvimos de la influenza, que para que me entiendan, ni me acuerdo de esa. Llega una pandemia en serio, que hizo que todo el mundo parara. Por primera vez en mucho tiempo, todo el mundo está viviendo lo mismo al mismo tiempo. Podríamos decir que qué padre estar en conexión, pero la verdad los motivos no son los mejores… ojalá los resultados al final de esto, valgan la pena. Es mi esperanza. 

El caso es que de un día para otro, todo cambió. Tuvimos que guardarnos en nuestras casas, cambiar la forma de trabajar y de vivir. Se pensaba que duraría un mes, dos si acaso… y ya vamos para el quinto mes… y no sabemos cuántos más. El #quédateencasa se volvió el lema oficial. Quiénes tenemos el privilegio de trabajar desde casa, tuvimos que acoplarnos a ello. En mi caso que trabajo en una escuela, todo se volvió virtual, tuvimos que empezar clases por Zoom, las maestras aprendiendo desde cero cómo dar clase a distancia, la dirección y el área de psicología buscar cómo apoyar y estar cerca de los papás desde lejos. Juntas, terapias y asesorías virtuales. Me volví casi casi blogger o youtuber, grabando videos con tips y estrategias para los papás. 

Empezó a reinar un pánico colectivo. Salir implicaba riesgo y contagio seguro. Mucha gente enfermándose, los hospitales llenos, los doctores y personal médico a tope, número de muertes aumentando. En casa la gente tratando de no enloquecer, creando nuevas rutinas, intentando mantenerlas. Empezó a parecer concurso, de a ver quién logra hacer más cosas. Miles de lives de ejercicio, de recetas, de clases de todo tipo. Tener que asumir distintos roles al mismo tiempo: profesionista, cocinero, ama de casa, maestra de los hijos, enfermera, lectora, creadora de contenido, etc, etc. Un agotamiento extremo, una presión social enorme por cumplir con todo. Convivencia 24/7 con tu familia, o aislamiento y soledad total en caso de vivir solos. Demasiadas cosas a la vez… imposible no desbordar o colapsar. Ansiedad, miedo, desesperación, estrés, incertidumbre, enojo, tristeza… todo un abanico de emociones. 

Los primeros días, dije “qué padre, una especie de descanso y vacación”… pero con el tiempo, eso empezó a cambiar. La primera vez que salí al súper casi me muero: entre el cubrebocas y los guantes y quién sabe qué tanto me puse para “protegerme”, me estaba sofocando y entraba en pánico cada vez que veía a alguien en el mismo pasillo que yo. A partir de ahí, pido súper en línea y no he vuelto a salir. Pero esa parte también está complicada, porque cada vez que entra algún producto a la casa, hay que hacer todo un ritual de limpieza exhaustiva. 

 Creo que tengo el llamado síndrome de la cabaña, porque me pone mal la idea de tener que salir y cómo no he tenido nada importante que me haga tener que hacerlo, pues mejor guardadita. Pero ya sé que no es lo ideal, que tanto encierro tampoco es benéfico y que si no empiezo a salir poco a poco, el día que tenga que ya salir por trabajo o algo importante, me voy a poner mal. Una amiga me aconsejo, que comience con 5-10 minutos aunque sea en la puerta de la casa (solo he salido a la calle a recibir al del súper y al del Rappi) y que un día me proponga salir a la tiendita de la esquina a comprar algo que se me antoje mucho. Pasitos chiquitos aunque sea.  Lo intentaré. 

Desde el principio empecé con rutina. Como soy un poco obsesiva, claro que me puse mis horarios y mis actividades. Todos los días hago una hora, o una hora y media de ejercicio para comenzar el día y ya después me pongo a hacer todo lo del trabajo. Y claro que todo muy bien dividido: primero lo del kinder, luego lo de mis redes sociales, luego lo de las terapias y así. También dejo tiempo para leer y para ver mis series o películas que tanto disfruto. Los fines de semana me salgo a la terraza a tomar el sol y escucho capítulos de un podcast que me encanta. El primer mes, me dedique a hacer limpieza mega profunda de mi casa y quedó impecable… ya no le he seguido con tanta intensidad, pero sin duda está más limpia y ordenada que antes. 

Ha sido un tiempo que me ha permitido desarrollar nuevos proyectos y poner en marcha mi creatividad. Me he dedicado a crear mucho contenido, tips y estrategias de diversos temas sobre la infancia, las emociones, el aprendizaje… todo para mi página de terapias. También se me ocurrió hacer un podcast con mi mamá, que ya lo teníamos pensado porque ella trabajo en el radio y quería tener su propio programa, pero ahora se me ocurrió un proyecto conmigo incluida, y la verdad es un podcast único y diferente que me emociona, porque no hay nada con madre e hija así. Siempre había querido tener mi propia página de internet, para poder compartir mis artículos y todo lo que vaya creando de contenido y pues me puse las pilas y solita la fui armando; creo que quedó muy linda, al menos me siento orgullosa de haber logrado algo que llevaba mucho tiempo queriendo. 

El caso, es que me he aferrado a toda esta creación de contenido, para mantenerme motivada y no irme para abajo. Perdí a unos pacientes, que eran mi ingreso fuerte, porque en este confinamiento salieron de México y no era factible el trabajo vía remota. Mucha gente perdió sus trabajos y las prioridades han tenido que cambiar por lo mismo. Los papás tienen que enfocarse en mantener la casa y muchos ya no pueden pagar las colegiaturas de sus hijos. Eso ha impactado enormemente en el colegio en el que trabajo y por ende nos tuvieron que bajar el sueldo. Mis papás tampoco tienen trabajo y entonces gastos que antes no tenía que pagar yo, ahora tengo que hacerlo… y por primera vez estoy realmente preocupada por la economía, la personal y la familiar. Lógicamente el estrés está a todo lo que da, por eso y por todo. Y sé que esto que estoy viviendo yo, tristemente lo está viviendo también la mayoría de la gente, a nivel mundial. 

En las famosas y peligrosas redes sociales, todo parece maravilloso, todo mundo súper productivo, con mil nuevos proyectos y si nos comparamos con eso, quizá nos vengamos para abajo, dándonos cuenta que no estamos siendo lo suficientemente productivos, que no estamos haciendo suficiente ejercicio, ni comiendo perfectamente, ni creando nuevas cosas…. Alto ahí. Escuché un video que subió Sofía Niño de Rivera, llorando literal, diciendo justo esto. Y ahí me cayó el veinte y lloré horas también y decidí abrirme como ella y subir unas palabras en mis stories de Instagram, compartiendo cómo me siento, todo lo que estoy viviendo y cómo aunque parezca que estoy perfecta y súper productiva con mis nuevos proyectos, la paso mal. Hay que normalizar el mostrar la realidad en redes. Es lógico que nadie suba sus tristezas y fracasos, pero eso solo hace que todos vivamos en una presión social enorme, pensando que somos los únicos que estamos sufriendo. 

Como decía, son muchas cosas las que se nos están juntando y claro que todo eso nos afecta, tanto físicamente como mentalmente. Por eso hay que cuidarnos, hay que mantener rutinas, hay que tener espacios y tiempos designados para nosotros y para hacer cosas que nos gusten y nos relajen. No podemos presionarnos aún más de lo que ya estamos presionados. Se vale de pronto ser flexibles, se vale romper de repente el horario estricto que nos establecimos, se vale hacerle caso al cuerpo y a la mente cuando nos dicen que debemos parar, se vale no siempre estar bien. Hay que saber que habrá días buenos y días malos…  y que hay que vivirlo día a día. No aferrarnos ni al pasado ni a un futuro (que quién sabe cuando llegue ese futuro mejor y más parecido a nuestra antigua realidad). 

Evitemos compararnos con los demás. Cada quien estamos viviendo esto de la mejor manera posible, sacando nuestras mejores estrategias y herramientas. Enfoquémonos en un día a la vez, agradezcamos el estar vivos y sanos y todas las bendiciones que tengamos la fortuna de tener y concentrémonos en estar bien nosotros, en cuidarnos. Si algo quieren sacar de este confinamiento y de esta experiencia que nos ha venido a retar en todo sentido, que sea el hecho de salir mejores personas de esto, más humanos, más conscientes, más agradecidos, más empáticos. 

No puedo olvidar agradecer la magnífica labor que han llevado a cabo todos los doctores y el personal médico. Mis respetos y gracias de corazón por seguir al pie del cañón en todo momento y arriesgar sus vidas por cuidar las de otros. Mucho que aprender de ustedes.

Por lo pronto, cuídense mucho, no salgan sin cubrebocas #wearamask y de corazón deseo que pronto pase esto y pronto todo vaya mejorando para todos.

Con cariño, 

Johis

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