Castigos y premios ¿si o no?

Muchas veces al momento de criar a los hijos, de intentar poner y marcarles límites y estructura, podemos toparnos con pared y no encontrar la manera más eficiente de hacerlo. Muchas veces también el calor del momento, el cansancio, el estrés y la vida en general se atraviesan en el camino haciendo que actuemos desde el impulso y tomemos el camino «fácil» como castigar o premiar las conductas de los niños.

El castigo es una sanción o pena impuesta en la que se ejecuta una acción, que puede ser física o verbal, directa o indirecta, contra quien ha cometido una falta. El castigo es un remedio temporal, del cual no podemos esperar que tenga un impacto o significado fuerte. Tal vez logre detener conductas específicas en ambientes específicos, pero no logrará aprendizaje o mejora a largo plazo.

Los castigos a la larga afectan la relación, pues son una forma de violencia. Además validan y les pueden llegar a mandar el mensaje a los niños de que la manera de solucionar los problemas es con violencia. Pueden llegar a aumentar en los niños la sumisión o la rebeldía. El castigo, al activar su parte del cerebro más primitiva e instintiva lo desconecta de su parte lógica y pensante, además de no ayudarle a ser responsable y consecuente con sus acciones

Si en algún momento se va a llegar a usar el castigo, cosa que no es recomendable, que solo sea en casos en donde la conducta que se busca reprender sea peligrosa o intolerable o si no responde a otras peticiones planeadas. En este caso deben de ser administrados de manera inmediata después de la conducta negativa; sin amenazar y explicando el motivo del castigo; cumplir con lo que se diga; relacionando el castigo con la conducta, es decir, si la conducta fue leve, la consecuencia debe serlo también.

Por otro lado, tenemos los premios; que son una recompensa, galardón o remuneración que se da por algún mérito o servicio. Tampoco es la mejor opción, porque es algo que promueve la obediencia temporal, en la que los niños aprenden a hacer las cosas solamente si obtienen algo a cambio, además de que causan la pérdida de interés. Es condicionarlos como a animales, a que respondan solo cuando hay una recompensa.

En lugar de premiar o castigar, mejor busquemos implicar a nuestros hijos:

  • Creando rutinas.
  • Dar opciones limitadas, por ejemplo al pedirle que elija entre dos opciones. ¿Quieres la playera blanca o la roja?
  • Ofrecer la oportunidad de sentirse capaz ayudando.

y buscar que siempre exista:

  • Respeto hacia el niño.
  • Anticipación frente a los cambios.
  • Sentido del humor.
  • Empatía
  • Paciencia
  • Amor.

La mejor manera de marcar límites es sin duda a través del ejemplo y del amor. Aprendamos a poner límites de manera puntual y clara y reforcemos de forma positiva las conductas que queremos que se repitan, dejando de darle tanta atención a lo negativo.

Con cariño,

Johis

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *