Agresión en los niños ¿es normal?

¿Te ha pasado que tu hijo de pronto te pega? ¿Te reportan con frecuencia que que tu hijo pega en la escuela? Puede que este tipo de situaciones te preocupen, sobre todo si no entiendes de dónde viene la agresión, pero para tu tranquilidad, esto es «normal.» La agresión es parte de la naturaleza de los niños, y depende de nuestro manejo y de los límites que les pongamos, para que esta agresión normal y natural no se salga de control y se convierta en violencia.

La agresión aparece desde edades muy tempranas. Es normal, común y hasta es algo esperado, pues es parte de la naturaleza humana. Esto incluso cuando no vivan en un ambiente donde la agresión sea frecuente, aunque no se usen los golpes o la agresión con ellos. Por ejemplo, podemos llegar a verlo cuando algo no les parece a los niños y lo llegan a manifestar a través de actitudes o conductas agresivas, como cuando hacen puños al frustrarse o cuando se echan para atrás y pegan cuando algo no es como quieren.

Puede llegar a manifestarse alrededor del año- dos años de edad y suele surgir como un mecanismo de adaptación y de supervivencia. Sobre todo porque les puede ayudar a comunicarse con su entorno cuando aún no tienen lenguaje verbal. Muchas veces su forma de expresión es a través del contacto físico y cómo aún no tienen desarrolladas las partes del cerebro que controlan los impulsos ni tienen inteligencia emocional, su contacto físico puede llegar a ser «agresivo», es decir, empujones, manotazos, rasguños, mordidas. Generalmente es para comunicar un NO, «No quiero», «no me gusta», o «no me parece».

Es importante tener en cuenta que puede haber diversos factores por los cuales los niños pueden manifestar agresión:

  • Los niños generalmente imitan lo que ven. Así que si en su contexto es normal que ocurran agresiones físicas y/o verbales, probablemente llegue a imitar aquello que escucha y que ve. Es importante que cuidemos cómo interactuamos entre adultos frente a los niños, pero también analizar si reaccionamos de manera agresiva con ellos, ya sea con gritos o con golpes (aunque sea solo un manotazo o una nalgada).
  • Los niños pequeños comienzan a medir los límites, a retar las normas y reglas, a ver hasta dónde pueden estirar la liga. Esto siempre con la intención de comprobar que sus papás estarán ahí siempre y que cumplen lo que prometen y dicen. Además también están probando sus propios límites.
  • Su cerebro no está completamente desarrollado, así que el sistema límbico aún no regula las emociones, por lo que la manera en la que ellos expresan cómo se sienten suele ser con agresión: haciendo berrinche, pegando, mordiendo, rasguñando.
  • Tienen poco o nulo lenguaje verbal, y cuando no hay lenguaje, es común que haya agresión para comunicarse, sobre todo cuando quieren manifestar un NO.
  • Su tolerancia a la frustración es nula o muy pobre, por lo que al frustrarse cuando las cosas no son cómo ellos quisieran o cuándo ellos quisieran, suelen actuar con actitudes o conductas agresivas.

Conductas como las mordidas son comunes entre el año y los tres años de edad principalmente como forma de comunicación. Recordemos que cuando su sistema nervioso entra en crisis, la manera de liberar esa energía, suele ser con alguna agresión como puede ser soltar la mordida. Hay que estar atentos a lo que los niños pueden estar comunicando:

  • «eso no me gusta»
  • «estoy enojado»
  • «estás invadiendo mi espacio o mis cosas»
  • «tengo sueño»
  • «tengo hambre»
  • «estoy aburrido»
  • «eso es mío»
  • «tengo celos»
  • «estoy frustrado»
  • «me siento mal»

Es importante que frente a estas conductas agresivas nosotros:

  • Pongamos límites claros. «No se pega» «No se muerde»
  • Veamos más allá de la conducta. ¿Qué me quiere decir con eso? ¿Qué estará sintiendo»? ¿Qué estará pensando?
  • Enseñemos a que pongan límites claros cuando algo no les guste o no quieran. «NO» «ALTO»
  • Que tengan una alternativa para canalizar su emoción y expresarse, como puede ser tener una mordedera, morder una toalla, pegarle a un cojín, rayar una hoja, romper una hoja.
  • Evitar o minimizar actividades que puedan generarles estrés o que sean demasiado estimulantes para ellos.

Pero ojo, porque la agresión y la violencia no son lo mismo. Todos los seres humanos tenemos conductas agresivas, ya que son biológicas e instintivas, y generalmente aparecen frente a una amenaza para defendernos de algo o de alguien. Nos han enseñado a reprimirlas y por eso muchas veces lo podemos ver como algo negativo, sin embargo es una cuestión natural, de adaptación y de supervivencia. Y por el otro lado, la violencia es el uso intencional de la fuerza para lastimar.

Pero también hay que tener cuidado porque la agresión puede llegar a convertirse en violencia, sobre todo cuando reprimimos la agresión por mucho tiempo. Por eso los límites, el ejemplo y la enseñanza de herramientas emocionales, son importantes para poder manejar la agresión.

En el caso de los niños, generalmente sus conductas frente al estrés o la frustración suelen ser agresivas, y ahí es importante que les ayudemos a nombrar lo que sienten y a expresarlo de formas asertivas y canalizarlo mejor. Pero como adultos, cuando nos relacionamos agresivamente hacia los niños, estamos siendo violentos y eso es algo que está mal y no debe suceder, pues dañamos el desarrollo óptimo de los niños. Además violencia genera violencia y si nosotros los violentamos, probablemente ellos crezcan como personas violentas. Para poder apoyarlos mejor, tomemos en cuenta:

  • Identificar qué detonó su conducta agresiva.
  • No reaccionar con agresión o violencia
  • Ver qué nos está queriendo comunicar, ver más allá de la conducta.
  • Regular la emoción o el malestar primero
  • Poner consecuencias naturales que le enseñen. Los castigos no enseñan.
  • Poner límites claros y ayudar a que pueda cumplirlos. Ser firmes y constantes con ellos.
  • Repetir que no se pega, no se muerde, no se rasguña…
  • Demostrar con acciones que lo amas, independientemente de cómo se porte, qué haga o qué no haga. Cuando tengan estas conductas o cuando se les dificulte regularse, es cuando más necesitarán saberse amados.

Seamos la calma que los niños necesitan para regularse. Seamos el cobijo y el amor en la tormenta. Seamos el ejemplo que necesitan para convertirse en su mejor versión.

Tomemos en cuenta que la agresión es normal y temporal en los primeros años de vida, pero que si observamos que la agresión va creciendo y se va convirtiendo en violencia, será importante buscar ayuda profesional.

Con cariño, Johis

 

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