Los niños son activos y juguetones por naturaleza. Tienen mucha energía y muchas veces es muy difícil para ellos manejarla. Por eso el juego físico es una gran manera para que ellos puedan sacar toda la energía que tienen y cansen un poco sus cuerpos. Y un ejemplo de juego físico es el juego rudo.

Todos hemos visto cómo los niños disfrutan y se divierten jugando “luchitas”, encimándose y aventándose con los amigos o con papá; ya que usualmente es algo más frecuente entre los hombres. Perseguirse, hacerse cosquillas, dar volteretas, jugar con las manos y dar patadas, son ejemplos de juego rudo.



De pronto nos podemos preocupar de que se puedan lastimar o que ya se vuelva algo agresivo, pero justo el juego rudo es muy distinto a pelearse, porque es algo divertido y con un espíritu positivo, donde buscan jugar y moverse, no hacerse daño.



Este tipo de juego surge alrededor de los dos años, pero suele mantenerse hasta la adolescencia, siendo a los 7 años el auge de este juego.
Pero desde que son bebés, podemos observar que generalmente disfrutan el movimiento (siempre y cuando se sientan seguros); les gusta rebotar en las piernas de los papás o ser lanzados en el aire para que después los cache mamá o papá. Cuando tienen 2-3 años podemos verlos explorando el mundo con movimientos grandes como rodar, gatear, empujar, jalar, girar, bailar, perseguir, trepar, brincar de una superficie o mueble a otro. Ya cuando son preescolares vemos el juego rudo más en forma, jugando luchitas en superficies suaves donde puedan caer o rodar sin lastimarse, trepando superficies más altas, brincando desde nuevas alturas y juegos como congelados o “freeze”.



El juego brusco o rudo, es sin duda algo natural. Es una forma física de explorar sus capacidades y sus límites tanto a nivel emocional como físico, en donde además de liberar adrenalina y sacar toda su energía, se sienten libres, son realmente niños. También les permite sentirse un poco más en control de su cuerpo y del ambiente que los rodea y es una manera de poder entender y canalizar la agresión que existe a su alrededor y que muchas veces no logran comprender. Es una forma de poder expresar y sacar emociones como enojo o frustración, que muchas veces no logran sacar de forma verbal.



El juego rudo tiene muchos beneficios y aprendizajes para los niños:
- Les permite conocer mejor su cuerpo, sus capacidades y trabajar sus músculos.
- Aprender a medir su fuerza y entender sus propios límites y los de los demás.
- Poder marcar límites y decir “alto”, “no me gusta”, “basta”, “ya no quiero”.
- Poner en práctica juegos de roles, tomas de turno.
- Negociar, hacer acuerdos; cumplirlos y respetarlos.
- El juego rudo favorece la conexión del hemisferio derecho del cerebro, el cual impulsa el movimiento y el juego, con el izquierdo, que ayuda a seguir reglas.
- Trabajar con valores como justicia o equidad, en donde el juego solo se puede mantener si ambas partes están divirtiéndose.



- Facilita la expresión y liberación de emociones.
- Favorece el desarrollo físico y motriz, brindando oportunidad de que se desarrollen habilidades de motricidad gruesa, equilibrio, coordinación y ubicación espacial.
- Permite el desarrollo de la empatía, al considerar las emociones y reacciones de otros durante la interacción.
- Estimula el desarrollo cognitivo al alentar la resolución de problemas, la creación de estrategias y la planeación de movimientos. Aprenden a anticipar, reaccionar y adaptarse mejor.
- Al involucrar escenarios imaginarios, favorece la creatividad, el juego simbólico y el pensamiento abstracto.
- Permite la construcción de relaciones sociales positivas basadas en confianza.
- Brinda oportunidades para tomar riesgos, probar nuevas ideas y estrategias, así como superar obstáculos, desarrollando así resiliencia y confianza en sí mismo.
- Favorecer el vínculo emocional con pares o con adultos (luchitas con mamá/papá)



Para ayudar a que el juego rudo sea realmente una oportunidad de desarrollo y aprendizaje, es importante acompañarlos y ayudarlos a establecer límites y mantener la seguridad.
- Establecer guías y expectativas adecuadas: los niños deben saber qué esperar, qué sí debe pasar, qué no debe suceder y conocer las reglas del juego. Algunas pueden ser:
- Escuchar al otro.
- El contacto debe ser por debajo de los hombros, jamás involucrar la cara.
- Mantener las palmas abiertas, evitar hacer puños.
- No se permite ningún tipo de contacto agresivo: patear, ahorcar, rasguñar,
- Establecer áreas donde se pueda jugar (de preferencia donde la superficie sea suave como pasto o donde haya colchonetas)
- Que exista un acuerdo previo, en donde todas las partes sepan en qué momento podría terminar el juego. Que se establezca una palabra clave para poder parar en caso de que alguno ya no quiere seguir jugando.
- Enseñar cuáles son los comportamientos o acciones peligrosas, para que las pueda evitar o frenar: debe aprender qué tipo de movimientos o conductas pueden lastimar a los demás o a ellos mismos.
- Enseñarles técnicas y movimientos seguros, para que sepan cómo poder usar su cuerpo sin lastimarse ni lastimar a otros, cómo mantener las manos abiertas, cómo caer bien, cómo evitar movimientos peligrosos.
- Mantener supervisión activa en todo momento para poder intervenir en caso de ser necesario. Hacer check ins verbales, donde por ejemplo se les pregunte si aún se están divirtiendo y quieren continuar jugando.
- Crear espacios seguros para jugar: elegir un área que sea lo más segura posible, sin superficies peligrosas, y buscar eliminar cualquier tipo de objeto que pueda causar algún riesgo.
- Favorecer comunicación y consentimiento: que los niños aprendan a preguntar a sus compañeros si quieren jugar, a expresar cómo se sienten y comunicar sus límites.



También existen otras formas de favorecer este tipo de juego rudo:
- Pegar al saco de boxeo
- Juegos de atrapados
- Juego de tira y afloja con la cuerda
- Carreras de obstáculos
- Juegos de roles de animales
- Construir fuertes de almohadas
- Peleas con almohadas
- Dar vueltas mientras se toman de la mano.



Lo importante es aprender a distinguir entre el juego rudo y una pelea real, plantear muy claras las reglas y límites para favorecer que todos se diviertan y aprendan y brindar espacios y momentos donde puedan llevar a cabo este tipo de juego, ya sea con pares o con sus papás, sobre todo para favorecer el vínculo y tener mejores habilidades sociales.



No le tengamos miedo a este tipo de juego, al final los niños aprenden mejor a través del movimiento y de jugar.
con cariño,
Johis
