¿Cómo les hablamos a los niños?

¿Alguna vez has pensado en cómo les hablas a tus hijos? ¿Si les afecta cómo les hablas? La realidad es que a veces se nos olvida que tenemos que cuidar nuestras palabras, nuestro tono y nuestra forma de hablar, porque claro que esto influye mucho en su desarrollo .

Las palabras tienen un enorme poder sobre los niños. Las palabras positivas pueden enseñarles a ser mejores, a comprometerse, a esforzarse, a compartir, a encontrarse a sí mismos y a que logren convertirse en los adultos que deben ser. No podemos olvidar que los niños son esponjas que absorben toda la información que reciben de su ambiente, especialmente de sus padres que son los mayores referentes y por ende pueden incidir directamente en la autoestima de sus hijos. Es importante que como papás reflexionemos sobre la forma en la que les hablamos , pero también debemos pensar cómo construimos el ambiente de nuestro hogar y cómo manejamos las dinámicas familiares

El lenguaje influye de manera directa en su autoestima y su autoconcepto. De acuerdo a cómo se les hable y a lo que escuchen de ellos mismos, pueden desarrollar inseguridades o adquirir confianza.

Si nosotros hablamos en negativo, si constantemente les decimos que son desordenados, tontos, malos o flojos; si les gritamos todo el tiempo, los criticamos o castigamos constantemente, ellos se van a creer ese mensaje y adoptarán el rol de esa etiqueta, además de que todo esto favorece una baja autoestima. En cambio, si hablamos en positivo, si los motivamos de la manera correcta, si reconocemos cuando tienen logros, si confiamos en ellos, si les recordamos cuánto los queremos, se creerán este mensaje y se favorecerá una autoestima positiva y buena.

Pero ojo, porque hay veces que seguimos hablándoles como bebés, que los llamamos con diminutivos (por ejemplo: en lugar de decirle Alex o Alejandro, seguimos diciéndole Alejandrito) o que en lugar de llamarles por su nombre usamos apodos que no corresponden como «papi», «bebito» o incluso les hablamos con lenguaje poco claro imitando habla de bebé. Este tipo de discurso lo que hace es limitar a los niños, hacerlos pequeños, cortar sus posibilidades de autonomía y no favorece el desarrollo correcto del lenguaje. Es necesario modelar la manera correcta de hablar, para que ellos así aprendan a emplear el lenguaje como corresponde.

Muchos tratamos y nos esforzamos en usar un lenguaje positivo con los hijos. Sin embargo, cuando llegan los conflictos familiares o estamos en un estado emocional desregulado (estrés, enojo, ansiedad, tristeza), lo más probable es que nos veamos desprovistos de herramientas, lo que llevará a un uso negativo del lenguaje. Pero ¿Cómo podemos corregir o llamarles la atención a los niños sin caer en falta de empatía?

En lugar de señalar las fallas, podemos tratar junto con ellos de encontrar una solución para lo sucedido, dándoles la oportunidad de aprender de los errores y de encontrar alternativas de solución. Decir frases alentadoras a los niños les ayudará a motivarse en ese momento concreto de desánimo a a vez que les está enseñando a automotivarse.

Podemos usar frases como «¿qué necesitas qué hagamos?», «necesitamos seguir practicando», «podemos hacerlo juntos», «confío en ti, tú puedes». Este tipo de palabras ayudan a validar las emociones de los niños a la vez que les ofrecen seguridad. Si lo que escuchan con frecuencia son este tipo de frases, entonces se podrán convertir en acciones que los motiven a seguir practicando en intentando hasta que lo logren. También les manda el mensaje de que cuentan con el apoyo de sus papás.

Recuerda que nuestras palabras y acciones inciden de manera directa en nuestros niños y en las conexiones cerebrales que se van formando. Así que tenemos una responsabilidad enorme de ser el ejemplo que nuestros hijos necesitan para desarrollarse adecuadamente y para tener una buena autoestima.

con cariño, Johis

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