Los cambios son algo constante en la vida. Nada es estático y todo va cambiando con el tiempo. Los seres humanos somos seres en constante evolución y eso es algo muy positivo, porque qué peligroso quedarnos estancados y no avanzar, crecer ni mejorar. Pero también los cambios son difíciles y aterradores; porque son algo desconocido y eso siempre asusta y desconcierta. Sobre todo cuando ya estamos muy cómodos en dónde estamos o como estamos. Sin embargo considero que los cambios son siempre necesarios, justo para aprender y superarnos.

Lo malo es que, no siempre (y generalmente casi nunca) vamos a estar listos para los cambios. Muchas veces vamos a ser nosotros quienes busquemos los cambios, otras veces nos llegarán de sorpresa y sin esperarlos y en ocasiones también haremos muchas cosas para evitarlos. Pero tengamos por seguro, que tarde o temprano nos estaremos enfrentando a cambios fuertes, de esos que nos mueven todo: ideas, creencias, rutinas, horarios, distancias… y serán los cambios pequeños y cotidianos, los que de una u otra forma nos irán dando herramientas para poder afrontar estos cambiazos.



Todo esto, es la introducción para contarles algo personal, con la idea de que tal vez mi experiencia les sirva para cuando pasen algo semejante. Como muchos de los que me leen, supongo sabrán, y sino les cuento; soy psicóloga y trabajo con niños. Amo mi profesión y amo mi trabajo. Me apasiona trabajar en una escuela como psicóloga y poder ver todos los días la interacción, el crecimiento y el aprendizaje de los niños. Es un aprender constante; los niños son sin duda los más grandes maestros.



Llevo desde enero 2020 (si, si, mesesitos antes de la pandemia) trabajando en un colegio socioconstructivista, con una filosofía increíble: Reggio Emilia, llamado Meraki. Trabajo con niños desde lactantes (desde 2 meses) hasta preescolar 3 (6 años). Fue mi primera oportunidad laboral como psicóloga en una escuela y estaré eternamente agradecida siempre por eso. Estos 4 años y medio trabajando en Meraki han significado un parteaguas no solo en mi vida profesional y laboral, sino en mi vida personal. He aprendido muchísimo, ha sido un reto enorme (específicamente todo lo que significó la pandemia) sobre todo porque cuando entré no había área de psicología. Tuve que empezarla de cero (o bueno casi cero, porque afortunadamente la coordinadora pedagógica: <te adoro Martha> había estado haciendo varias labores que de cierta forma apoyaban y cubrían las necesidades de los alumnos, padres de familia y personal del colegio a nivel socioemocional), tuve que establecer procesos, formatos, lineamientos y abrir espacio para puntualizar y apoyar la inclusión.



Sin duda en este camino, he crecido mucho, he desarrollado muchas habilidades y fortalecido varias áreas de oportunidad. La Johis que entró a Meraki, a la Johis del día de hoy, es otra totalmente. Una Johis mejor, más humana, más empática, más segura. He logrado cosas que nunca pensé que pudiera lograr, entre ellas haber presentado por ejemplo (un leve obligada por mi jefe), el Ceneval de Educación Preescolar y haberlo pasado.



Si bien reconozco, que en el camino he tenido fallas y que aún tengo varias áreas de oportunidad, estoy muy satisfecha con todo lo trabajado, realizado y aportado, sabiendo que siempre he dado lo mejor de mi, que mi principal objetivo siempre ha sido el bienestar de los niños y que he tratado de hacer todo lo que ha estado en mis manos para apoyarlo.



Lo que más agradezco y aprecio es el vínculo que he podido lograr con los niños, los abrazos que me dan, los apapachos, los gritos de «Johis» cada vez que me ven, el que una de las alumnas diga que soy su «amiga», el que lleguen emocionados a contarme cosas… en fin, tantos y tantos momentos compartidos con los niños, que sin duda estarán eternamente en mi corazón. También la confianza que han depositado en mi los papás y las misses; el que me busquen para pedirme consejo, para contarme sus «problemas», para compartirme sus preocupaciones, pero también sus esfuerzos y logros. El ver que había interés y participación importante y continua en mis sesiones de Escuelas para Padres, donde siempre traté de compartir un poco de lo que sé sobre temas que considero importantes para que los papás cada vez tengan más herramientas para su camino.



En fin, podría extenderme eternamente aquí con todo lo vivido, aprendido y sentido en estos 4 años y medio en Meraki. Pero el punto aquí, es el cambio. Y es que sin realmente buscarlo, o tal vez un poco sí, me llegó la oportunidad de cambiarme de trabajo. De retarme nuevamente a nivel laboral y profesional, de poner a prueba todo lo aprendido en Meraki y de seguir creciendo y mejorando en todos los niveles. No fue fácil el proceso; desde que me cayera el veinte de la oportunidad de que me citaran a una entrevista, hasta el proceso de tener las entrevistas, de hacer los tests, de mandar referencias, de tener que comunicar la posibilidad a mis seres queridos y por supuesto a mis jefes en Meraki. Lo veía lejano, lo veía difícil, dudé de mis capacidades; y todo esto quizá para evitar enfrentarme a la posibilidad del cambio.



Al final estuve y estoy (hasta la fecha) muy feliz en Meraki, super agradecida siempre, super arropada y rodeada de personas que quiero y admiro mucho, quienes se han convertido en familia y amigos y claro que sí uno que otro hijo que «adopté» de cariño en el camino (aunque a todos me los llevo en el corazón).



Pero muchas veces la felicidad, lo cómodo y todo lo antes mencionado no es suficiente. Siempre hay que buscar y estar abiertos a cambiar de aires, sobre todo si esto implica crecimiento y aprendizaje. Después de un proceso relativamente fácil y corto (teniendo siempre en mente que «si era lo mejor para mí, sería para mí»), me aceptaron como la psicóloga de preescolar en un colegio grande. Y por grande, me refiero a un colegio que tiene desde maternal hasta preparatoria; teniendo sólo en preescolar un aproximado de 250 alumnos (que si lo comparamos con los alrededor de 100 alumnos de Meraki). Así que acaba el ciclo escolar y me graduó yo también.



Desde que inició el proceso con el mensaje solicitando la entrevista, hasta el día de hoy que ya tengo la fecha de los dos días de capacitación y sabiendo que mi primer día oficial va a ser el 12 de agosto, ha sido una montaña rusa de emociones. Me siento muy emocionada y orgullosa de mí, por saberme capaz de poder seguir creciendo profesionalmente, porque haya interés en mí para un puesto importante y por todo lo que esto implica en mi currículum, mi aprendizaje y mi crecimiento. Pero también me siento aterrada y nerviosa por todo lo que implica el cambio (nuevas personas, nuevas formas, nuevos horarios, nuevos procesos, nuevas rutinas, nuevo TODO), por la incertidumbre y lo desconocido. Y por supuesto también me siento muy triste; por tener que dejar un trabajo y una escuela que me ha enseñado tanto y en la que he sido inmensamente feliz, a personas de las que he aprendido infinito y con las que he entablado relaciones y lazos fuertes de amistad y complicidad.



Qué difícil es esto, qué difícil son los cambios, qué difícil es sentir tanto, qué difícil es la vida, pero así es esto. Y a pesar de lo difícil y duro, por supuesto que hay muchas cosas positivas, enseñanzas enormes, recuerdos y aprendizajes invaluables.



Gracias a Javier, director de Meraki, por la oportunidad, la confianza y la libertad que siempre me diste para poder llevar el área de psicología, así como por obligarme e impulsarme a retarme y presentar el Ceneval de Educación preescolar. Gracias a Martha, coordinadora pedagógica, por tu apoyo incondicional, por todo lo que aprendí al trabajar contigo de la mano (ha sido un honor y un placer), por ayudarme a confiar y creer más en mi, por tu apoyo para hacer el Ceneval, por tu confianza, por las risas, por las pláticas, por las experiencias. Gracias a todo el personal, porque sin duda aprendí de cada uno de quienes fueron mis compañeras y compañeros en este tiempo; gracias Andy, Monse, Fer, Gaby, Nancy, Vanessa, Mari, Maritza, Isa, Jatzi, Pao, Ale, Dani, Clau, Dafne, Adri, Lety…todos, gracias por la confianza, el apoyo, las risas y la diversión. Gracias a los papás por la confianza, el acompañamiento, el trabajo en equipo. Pero sobretodo, gracias a los niños por ser mi mayor motivación y mi principal fuente de inspiración y aprendizaje.



Y por supuesto gracias a mi principal red de apoyo; mi mamá, mi papá, mi hermano y mi pareja. Por creer en mi, por nunca soltarme, por impulsarme y acompañarme en cada paso. Sin ustedes no sería lo que soy ni estaría donde estoy. Los amo.



Como conclusión, les puedo decir que es importante que se permitan sentir todo. Que no lo ignoren ni traten de suprimirlo. Permitirse vivirlo y experimentarlo, aunque sea doloroso, siempre ayudará en el proceso, permitirá ir acomodando y aterrizando los cambios y sin duda nos hará más fuertes para enfrentar lo que venga. Si tienen ganas de llorar, lloren, es super sanador. Compartan con su red de apoyo lo que sientan, si pueden tener un acompañamiento terapéutico, no lo duden. No se guarden lo que sienten y viven, compartirlo nos quita enorme peso de encima, además de que siempre es lindo y reconfortante el apoyo y cariño que podemos recibir de otros, e incluso podremos encontrar en otros, situaciones similares que nos sirvan de ejemplo y apoyo.



Gracias por permitirme desahogarme, por haber leído hasta aquí.
Espero que si has vivido, vives o llegas a vivir algún cambio importante, esto te pueda servir de algo.
Cree siempre en ti, confía en los procesos y en los tiempos de la vida, no pares nunca de retarte y de buscar crecer y mejorar.
Gracias miles



con cariño, Johis


Te abrazo fuerte Johis, estoy segura que será una experiencia súper enriquecedora en donde continuarás creciendo y aprendiendo. Tienes todas las herramientas para hacerlo excelente.
Cuenta conmigo y si puedo apoyarte en algo, no dudes en buscarme, que estaré siempre para ti.
Te quiero mucho
Johis querida, admiro tu fuerza, esa fuerza interior que te impulsa siempre hacia el crecimiento, a afrontar lo nuevo, los cambios, lo que a veces da miedo y causa incertidumbre. Tienes todo para seguir creciendo profesional, y emocionalmente. Eres mujer de éxito y me encanta saberte feliz. Te mando un abrazo fuerte y lleno de cariño.