Los límites como la mejor forma de demostrarles tu amor

¿Cuántas veces hemos escuchado la palabra «límites» y llegado a pensar en ellos como algo negativo? Seguramente muchas veces, pues generalmente va asociado a cosas como castigo, disciplina, gritos, estructura… Pero la verdad es que no hay nada de negativo en los límites, cuando los aprendemos a poner bien. Al revés, se puede decir que son la mejor forma de demostrarles tu amor a tus hijos, pacientes o alumnos.

Evidentemente, la tarea de ponerlos no es tan sencilla como nos gustaría y puede convertirse incluso en un gran reto. Sobre todo porque a nadie nos gusta que nos marquen límites, así que los niños probablemente no reaccionen tan positivamente cuando se los comencemos a poner. Prepárate para berrinches, retos, chantajes y dificultades. Y aunque no queremos ver llorar y sufrir a nuestros niños es importante no rendirnos ni ceder, ni tampoco pasarnos al extremo de convertirnos en sargentos gritando y dando órdenes todo el día. Así como poner límites es un gran gesto de amor, de igual manera hay que ponerlos, desde el amor.

Si tienes hijos pequeños o trabajas con niños, seguro que ya has batallado un poco con este tema. Incluso puede ser que hayas intentado muchas estrategias y ninguna te haya funcionado. Es probable que te hayas sentido o te sientas frustrado, cansado, o perdido porque ya no sabes qué hacer para que te hagan caso y tengan una estructura. Y ¿qué crees? Es normal, es parte del proceso y sin duda educar a los niños es una de las tareas más difíciles y de mayor responsabilidad. Así que no te sientas mal, pero no te rindas, porque en el momento en que cedes o le das el poder a los niños, las cosas se complican. La autoridad eres tú siempre y ese foco no se debe perder jamás.

Literalmente, la crianza es como caminar en la cuerda floja, tratando de mantener el equilibrio para no caerte; es prueba y error y sobre todo es ir aprendiendo en el camino. Nadie nace sabiendo ser padre. Aquí lo importante es tomar en cuenta que existen límites naturales, y que estos hay que verlos como nuestros aliados, para que nuestra tarea sea entonces ver cómo ir integrando estos límites que existen en el mundo cotidiano y que finalmente nos ayudarán a poder ir integrando los demás límites y estructura.

Algo importante que tampoco debemos perder de vista nunca, es la naturaleza de los niños. No podemos ver su comportamiento natural, esa curiosidad, esas ganas de explorar, esa necesidad de estar en constante movimiento, como algo negativo y querer ponerle límite a eso que es parte vital de su desarrollo. Hay que dejar que vayan descubriendo el mundo, con los límites que les vayamos poniendo, pero jamás cortando ni su naturaleza ni su desarrollo.

Uno de los primeros pasos para lograr esto, es entender que la palabra NO, debe salirse de nuestro vocabulario cotidiano. Estamos diseñados para entender, no para obedecer sin más. Los niños ni siquiera entienden ese NO, solo lo ven como algo negativo, que los asusta, que los frena y que no les ayuda para nada. Además si para todo les decimos que NO, sin mayor explicación, les estamos transmitiendo una negatividad absoluta.

Aprendamos a entender ese NO primero. Los niños pequeños reaccionan frente al tono de voz que viene acompañado de esa palabra, probablemente obedecen y paran, por miedo, porque se asustaron y porque quizá te ven enojado y no quieren que los dejes de «querer». Así que en esta etapa, cuando son chiquitos, de 0-4 años, lo mejor es tratar de redirigir su atención a otra cosa, distraerlos y sacarlos de esa conducta o acción que quieres que dejen de hacer. También sería recomendable darles una pequeña explicación al respecto, ya que aunque sean pequeños, si les explicamos en un lenguaje adecuado y enfocado en su edad, claro que ellos entienden.

Ya cuando tienen 4-5 años y más, comienzan a entender de forma natural que en la vida existen límites y eso no es fácil. De ahí la frustración y el enojo, pues imagínate que de pronto te comienzas a dar cuenta que en todos lados hay reglas que hay que seguir, que la vida no es puro juego y que no todo es color de rosa como pensabas; claro que es difícil. Además también es la edad en la que se empiezan a dar cuenta que pueden retar a los padres, así que pueden empezar a presentarse dinámicas complicadas. Pero ahí es justo donde más debemos en evitar el NO tajante. Tratemos de empatizar con ellos, indicarles qué es lo que estamos esperando de ellos y siempre irlos acompañando en el proceso.

Leyendo todo esto, quizá pienses «suena fácil», pero la realidad es que no lo es. Es un proceso largo, retador y que requiere de mucha constancia y paciencia. La crianza respetuosa no es darle a los niños todo lo que quieren, sino irles dando las herramientas que necesitan para poder desarrollarse y crecer plenos y felices en una sociedad como en la que vivimos, llena de retos. Cuando la sociedad grita, castiga, ridiculiza, amenaza o pega a los niños lo único que hace es domesticarlos. Quizá eso sea rápido y eficaz al principio, pero solo logrará que aprendan y obedezcan bajo el miedo, que no se formen su propia conciencia y guía interna y que realmente no se desarrollen adecuadamente.

Pero aunque veamos largo y difícil el camino, la verdad es que funciona. Es un camino largo, que requiere de mucho esfuerzo, paciencia, humildad, perseverancia, fuerzas para recorrer un camino de introspección que consume mucho. Pero la recompensa llega y ese día verás que todo ha valido la pena.

Recuerda, al marcar límites, realmente estás amando y demostrando ese gran amor a tus hijos. Ponles límites, amálos bien.

Pronto un post con estrategias puntuales para marcar límites

con cariño, Johis

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