Entendiendo los berrinches

Los niños hacen berrinche por naturaleza; es propio y «normal» de ciertas etapas de desarrollo. Y para poder entender esto y poder transitarlos de la mejor manera, aprendiendo a acompañar y a transitarlos, es importante e indispensable saber cómo funciona el cerebro y qué pasa a nivel cerebral en un berrinche.

Cuando nacemos, el cerebro tiene un desarrollo aproximado de entre el 23 y el 25%, es decir, es un cerebro bastante inmaduro. Sobre todo teniendo en cuenta que el cerebro se termina de desarrollar alrededor de los 25 años de edad. Entonces los niños literalmente tienen un cerebro inmaduro, razón por la cual nos necesitan, necesitan de sus figuras principales para asegurar que sobrevivan.

El cerebro es complejo, pero para entenderlo de forma fácil, vamos a dividirlo en dos: cerebro racional y cerebro emocional.

  • El cerebro emocional es lo que llamamos sistema límbico, que se ubica en medio de los dos hemisferios del cerebro (derecho e izquierdo). Es la parte que ayuda a regular las respuestas del cuerpo frente a las emociones, el instinto y el comportamiento.
  • El cerebro racional, es la llamada corteza prefrontal, ubicada en el lóbulo frontal del cerebro. Es aquí donde se originan los procesos mentales y cognitivos complejos, ayudando a la toma de decisiones, manejo y regulación de emociones y freno de impulsos.

¿Qué pasa en el cerebro durante un berrinche?

  1. Siente un malestar, ya sea físico o emocional. Puede ser una emoción desagradable como frustración o enojo.
  2. El cerebro recibe una señal de alerta y se «prende» la amígdala, «incendiando» todo el cerebro. Necesita que todo el cerebro se concentre en sobrevivir, ya que lo que percibe es de «vida o muerte».
  3. Se desconecta la corteza prefrontal que es el cerebro racional. Ya no puede pensar ni razonar.
  4. Se libera cortisol, que es la hormona del estrés.
  5. Hay una incapacidad para pensar y controlarse. El cuerpo toma control para pedir ayuda y lidiar con el estrés: llora, muerde, grita, se avienta, pega…
  6. Explota en berrinche.

Todo lo que sucede en el berrinche, la liberación de cortisol y la activación de la amígdala, es peligroso para el desarrollo del cerebro. Por eso es indispensable que nosotros adultos les ayudemos a apagar la amígdala, bajar el estrés y seamos su cerebro racional externo.

No podemos exigirles que controlen su cuerpo, regulen emociones y piensen antes de actuar. No es que no quiera: NO PUEDE. No tienen la capacidad cerebral para controlarse y regularse. No olvidemos que el berrinche es su forma de pedirnos ayuda, de comunicarnos que necesita que rellenemos su batería emocional y lo ayudemos a regularse.

Imaginemos el berrinche como la punta del iceberg, que es la conducta que nos comunica que necesita ayuda. Pero «bajo el agua» hay muchos factores, emociones y situaciones que no vemos, pero que necesitamos aprender a encontrar y escuchar para entender mejor qué detonó la conducta.

En lo que logramos analizar el iceberg completo del berrinche, necesitamos acompañar y transitar con ellos esta crisis emocional, ya que recordemos que tenemos que actuar como su cerebro racional externo, como su co-regulador, para que logre apagar el estrés y recuperar la calma.

  1. Regularte tú primero: necesitamos ser su calma para apagar la tormenta.
  2. Acompañar, mostrarnos cercanos, dar alternativas, darle la seguridad de estar: ayudar así a regularlo.
  3. Rellenar su batería emocional: conectar, darle la atención y seguridad que necesita. La emoción intensa necesita bajar para que aumente la conexión.
  4. Una vez que la crisis disminuye, podemos reflexionar y enseñar: platicar sobre lo sucedido, aterrizar alternativas, nombrar la emoción, dejar que las consecuencias lógicas y naturales entren en acción.

Entendiendo que el berrinche es un llamado de ayuda frente a una crisis y malestar fuerte, es importante la empatía que mostremos y nuestra forma de reaccionar y acompañar.

¿Qué SI hacer? Todo aquello que favorezca la conexión.

  • Ponerte a su altura.
  • Mantenerse cerca físicamente.
  • Respetar su espacio.
  • Acompañar en calma.
  • Ofrecer alternativas: herramientas que sepamos le pueden ayudar a calmarse.
  • Permitir que descargue la emoción.
  • Responder a necesidades físicas y emocionales.
  • Ser refugio seguro.
  • Validar emoción.

¿Qué NO hacer? Todo aquello que rompa la conexión, que genere miedo o que condicione su amor.

  • Castigar
  • Pegar
  • Amenazar
  • Tiempo fuera: aislar
  • Ultimatums
  • Enojarse
  • Regañar
  • Sermonear
  • Perder paciencia
  • Descalificar
  • Etiquetar
  • Hacer sentir culpable
  • Ignorar
  • Premiar
  • Tomarlo personal

Recordemos que los berrinches son parte natural del desarrollo, son una forma de comunicación y están fuera del control de los niños. No lo hacen a propósito, no lo hacen para molestarnos ni para manipularnos. No tienen la madurez ni la capacidad para controlar sus emociones y para regularse por sí solos. Nos necesitan. Nos necesitan bien, en calma, como refugio seguro y como principal fuente de amor.

Confía en tus capacidades como adulto maduro con cerebro racional, en las herramientas que tienes, en tu resiliencia, en tu amor de padre/madre, para acompañar a transitar el berrinche de la mejor manera. Seamos calma en la tormenta de los niños.

Con cariño.

Johis

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